7 junio, 2026
3 mayo, 2026

No os entristezcáis para los que duermen

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Passage: Apocalipsis 7:9-17, Salmo 116, 1 Tesalonicenses 4:13-18, Juan 14:1-6
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¡Cristo ha resucitado! ¡Ha resucitado en verdad! También estamos en la temporada de la Pascua, hasta el día de la Ascensión, cuando celebramos la Ascensión de nuestro Señor, cuando Jesús subió al cielo para ser sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Pero Jesús andaba por 40 días entre sus discípulos,  entre su Resurrección y su Ascensión. Entonces, en nuestro calendario de la Iglesia,  también hay un espacio entre la Resurrección, el Domingo de la Resurrección y la Ascensión.

Y, por supuesto, en el primer Domingo de Pascua, el Domingo de la Resurrección, celebramos la Resurrección de nuestro Señor, el mismo, la tumba vacía con los discípulos. Alegramos que el Señor vive, Él, Él sí mismo está vive. Él venció la muerte. Pero, en el resto de la temporada, celebramos también nuestra promesa de la Resurrección, que tenemos por Cristo, por la muerte y resurrección de nuestro Señor y Señor Jesucristo en la Cruz, cada uno de nosotros. Tenemos la promesa que vamos a vivir para siempre con nuestro Señor en el cielo. Después de muerte física, resucitaremos como el Señor. Porque nuestra vida es como nuestra Señor. La vida cristiana es una imagen del camino del Señor desde su bautismo hasta la Cruz y la Resurrección. Nosotros también somos bautizados en la muerte de Cristo. Vivimos en Cristo, pero moriremos porque somos pecadores.

Tenemos la herencia de Adán y Eva, los primeros padres que desobedecieron a Dios. Por eso, nadie puede evitar el destino universal de los seres humanos. Pero los que son bautizados en Cristo serán salvos. Podemos resucitar para vivir para siempre.

¿Y en qué manera viveremos? Leimos en Apocalipsis. Estamos seramos en el cielo alrededor del trono de Dios con todos los ángeles y los seres celestiales. Alabando a Dios para siempre. El Señor es nuestro pastor y no hay hambre, no hay sed, no hay ni calor, ni cualquier cosa, ni lágrimas. El Señor es con nosotros. Esta es la promesa por cada uno de nosotros. Pero no solo por nosotros como individuos, pero como los demás. Como dice en Apocalipsis, alrededor del trono son representantes de cada nación, cada tribu, cada lengua en la tierra. ¿Pero qué es una tribu entonces? Es una familia. También tenemos la esperanza de nosotros seremos con nuestros seres familiares que mueren en la fe también. Esta es nuestra bendición. Podemos ver otra vez nuestros seres queridos.

¿Qué será impresionante aquel día? Dice en 1 Tesalonicenses, cuando el Señor venga en gloria, los que mueren en Cristo resucitarán de la tierra y subirán al cielo en el aire para recibir al Señor cuando Él venga en las nubes. Este es el rapto, el verdadero rapto, no como lo dicen muchos evangélicos. Dicen que el rapto es antes de una gran tribulación. La gran tribulación es ahora porque dice en Apocalipsis, el anciano dice a San Juan. Estos alrededor del trono, ellos salieron de la gran tribulación que es de este mundo. Ellos están ahora con el Cordero con Cristo. Entonces, esta ocurrió, esta resurrección de los fieles y la ascensión de los fieles para recibir al Señor. Esto ocurrirá en el día final, en el día del juicio. No hay otra, no hay rapto y gran tribulación ante la segunda venida del Señor. Esto es una equivocación. Pero tenemos esta esperanza que con nosotros son nuestros seres queridos.

Porque esta promesa, como dice Pedro, San Pedro, sobre el bautismo. Esta promesa del bautismo es para ti y para tus niños. Entonces traemos los niños para el bautismo. Pero la promesa es para la familia, entonces para los que, las familias que todos los creen en Jesucristo. Leemos en Hechos, en la historia de Lidia, la vendedora de púrpuara de Tiatira, y el carcelero de Filipos. Ellos fueron bautizados, pero no bautizados solos. Toda la casa fueron bautizados con ellos. Y leemos entonces de esta gran bendición. Esta gran bendición de los niños bautizados en el Señor. También en los padres cristianos que crecen sus hijos en el Señor. Y todos están unidos entonces en el día final. Entonces dice Pablo, no vivimos como los que no tienen esperanza.

Tenemos esta esperanza, no solo por nosotros, pero por todos alrededor de nosotros. Que bendición, que bendición para tener padres cristianos. Y como Pablo escribió en 1 Timoteo, para tener por medio de los padres los escrituras desde la juventud, desde las niñas, desde la juventud como Timoteo. Entonces, cuando perdimos un familiar a la muerte física, estamos tristes porque no vemos hasta Cristo venir en gloria o hasta nuestra propia muerte. Pero tenemos la confianza que ellos están con el Señor ahora. Entonces no tenemos desesperación, no perdimos nuestro propósito para la vida porque tenemos esta fe que compartimos con nuestros padres.

En el año 2000 murió mi padre en la temporada de Pascua, 9 de mayo de 2000. Y ahora, este jueves pasado murió mi madre en la misma temporada de Pascua, 30 de abril de 2026, 26 años después. Pero yo sé ellos son juntos entonces en el cielo y un día vamos a ver ellos. Y doy gracias por esta bendición de mi madre y mi padre que me enseñan la fe. También doy gracias por esta herencia de la familia. Este es el mejor legado que los padres pueden pasar a sus hijos.

Es la fe salvadora en Cristo y yo le doy gracias, no solo por mi padre, también por mis taratabuelos que dejaron su patria en Europa en 1840 para ir a los Estados Unidos para buscar la libertad religiosa en los Estados Unidos para sus niños, para crecer sus niños en la fe, en la libertad. Y pasamos generación tras generación hasta hoy. Yo doy gracias por esto. Cada persona que tiene una familia cristiana debe dar gracias por esta bendición que tenemos. Entonces, esta responsabilidad, pero no es solo responsabilidad, pero es un privilegio para enseñar a los niños en la fe. También tiene el bautismo y la promesa de la vida eterna para estar con Cristo para siempre.

Encima de todo con Cristo, pero también con nosotros. Debemos tomar en cuenta esto en este Día de Madre que viene. Damos gracias por nuestras madres, pero especialmente por las madres cristianas. Todas las madres nos dan el don de la vida, pero las madres cristianas nos dan el don de la fe también. En esto tenemos alegría, esperanza y la paz que sobrepasa todo entendimiento. Amén.

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