Jehová no estaba en el terremoto
Gracia y paz en nuestro señor y salvador Jesucristo. Nuestra lectura del Antiguo Testamento por este quinto domingo después de Trinidad, primer Reyes, diecinueve, once a veintiuno, es muy apropiada para este momento en la historia de Venezuela, cuando han golpeado La Guaira y Caracas primeramente, dos terremotos, un doble terremoto, treinta y nueve segundos aparte en tiempo y cinco kilómetros aparte en distancia, en el estado de Yaracuy. Sentimos aquí en Barinas un poco, no hay daño aquí, gracias a Dios, pero golpeó fuertemente La Guaira y Caracas.
Todavía está buscando los heridos y los muertos y calculando el daño, el costo de este desastre. Y la gente piensa en algunas maneras de este evento. Algunos dicen, ¿Dónde está Dios en este momento? ¿Dónde está la misericordia de Dios? ¿Por qué ocurrió esto? Otros piensan en términos científicos, aquí está la falla de Boconó, aquí está la falla de San Sebastián, y esto ocurrió como ha ocurrido en el pasado, y debe pensar en esto como algo que ocurrió.
No tiene una idea de por qué ahora, por qué ocurrió en este momento para nosotros. ¿Dónde está la esperanza? ¿Dónde está el sentido en estas cosas? Otras personas buscan esto como señal del juicio de Dios contra alguien. Pero porque ocurrió el 24 de junio, el día de Juan el Bautista, cuando hay muchas celebraciones en Barlovento y otras partes de Aragua y Vargas, y con muchos ritos que no están vinculados en verdad con la figura bíblica de Juan el Bautista, fuera mucha cerveza y vino y mucha comida, y Juan el Bautista no tomó el vino, no buscó banquetes o la lujuria.
Pero fíjate, estas costumbres del 24 de junio han ocurrido desde el siglo XVIII. ¿Por qué ahora? En nuestra lectura del Antiguo Testamento encontramos una visión del profeta Elías. Él fue escondiendo en una cueva porque el rey busca matar a Elías. Pero el Señor mostró a Elías una visión. ¿En qué visión? Desde un monte, Elías vio un viento fuerte, un terremoto, un fuego. También tenemos fuegos y vientos en Venezuela, y lluvias fuertes, en el Barquisiméto, un incendio en El Sambil. En Portuguesa, el río abordó y hay muchos daños por la inundación. Pero esta visión de Elías también nos muestra que las fuerzas naturalezas son bajo el control de Dios, pero la voz de Dios no estaba en el viento, no estaba en el terremoto, no estaba en el fuego, pero en un silbo apacible y suave. Es decir, la voz de Dios no es en un gran espectáculo, no es en gran señales. Tenemos la voz de Dios en, como la llama Pablo, la locura de la predicación de la Palabra de Dios. Es muy suave, no hay gran multitudes, no hay gran señales, pero esta es la voz de Dios para nosotros y confiamos en la Palabra de Dios. Nosotros nos confiamos en gran señales.
También en otros pasajes de la Biblia, Lucas 3, 6, 1 a 5. En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Es decir, esto es un episodio cuando Poncio Pilato mandó la matanza de los Galileos en el Templo de Jerusalén durante los sacrificios. Y la gente dice, ¿Dónde está Dios en este momento? ¿Qué hizo estas personas? Respondiendo, Jesús le dijo, Pensé que estos Galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los Galileos. Os digo, antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. Y aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloí y los mató, penséis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén. Os digo, no antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
¿Qué significa eso? No hay hombres más pecadores que otros, no merecían el castigo de Dios más que otros. Nosotros también merecemos el castigo de Dios, pero por arrepentimiento tenemos la promesa de la vida eterna. Todos de nosotros moriremos, pero los que creen en Dios, los que arrepintieron de sus pecados, tienen la promesa de la vida eterna.
También Lucas capítulo 21, 9 a 11, Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis, porque es necesario que estas cosas o contesten primero, pero el fin no será inmediatamente. Entonces le dijo, se levantará nación contra nación, y reina contra reina, y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambre y pestilencia, y habrá terror y grandes señales del cielo. Es decir, antes de Cristo venga en gloria, serán desastres, guerras, conflictos entre las naciones, pero no debemos estar preocupados, porque todo es bajo el control de Dios, y podemos tener confianza que Cristo venga y cancelar todas sus cuentas, nos damos alivio y alegría, más significante, mucho más que los dolores de esta vida.
Entonces no buscamos por juicio de Dios contra algunas personas, en este desastre en Venezuela. Estas cosas ocurren, hay sentido en nuestros sufrimientos, hay sentido en nuestras vidas, porque Dios nos da su palabra, y su palabra de la promesa de la vida eterna. Entonces, cuando estas cosas ocurren, no preocuparnos, porque Dios está con nosotros. Podemos pensar en que hasta todas las congregaciones de la Iglesia Luterana de Venezuela no sufren daños de estos terremotos, y están en posición para ayudar a los que están en peligro y daño para estos terremotos. Esta es la manera en que debemos pensar. Y también nuestras lecturas para hoy son para animar a nosotros en la misión que Dios ha dado a la Iglesia para proclamar su palabra y ayudar a los que están en los aflicciones. Es una ocasión para nosotros para dar testimonio a los que sufren, porque como dice el Salmo, Dios está con nosotros, Dios ha dado a sus ángeles cuidado para cuidar para nosotros. Confiamos en esto, delante de todos estos sufrimientos, de estos desastres, confiamos en Dios, confiamos en el sentido de Dios. No podemos entender el propósito de Dios, pero confiamos en la sabiduría de Dios.
Que ocurre es para el bien en el fin de todos. Esta es para nosotros, aprobar a nosotros, para enseñar a nosotros a confiar más y más en Dios y dar testimonio a Dios. Y Dios no ha elegido a nosotros porque somos más que otros en este mundo.No somos, como dice Pablo, no somos de los sabios de este mundo. No somos personas fuertes en este mundo, pero solo somos seres humanos. Pero Dios nos ha dado la tarea de proclamar su palabra y para mostrar el amor de Dios a nuestros prójimos en este mundo.
No todos son llamados para dejar sus redes o para dejar sus voces, como dice en el Antiguo Testamento y en nuestro Evangelio Lucas 5.1.11, que el deseo de dejar sus voces y Pedro, Santiago y Juan dejaron sus redes para seguir a Jesús y para ser pescadores del hombre. Pero toda la iglesia está llamada a Dios para dar testimonio de él en este mundo. Y no debemos confiar en nuestras propias fuerzas, como el deseo. El deseo en aquel tiempo, en aquel tiempo, dice el deseo, ay de mí, soy el último profeta del señor, porque el pueblo ha dejado los altares del señor y están en idolatría y han matado a los otros profetas y solo yo queda. Ay de mí, pero Dios dice, mira, en esta tierra hay siete mil que no ha doble sus rodillas delante de Baal, el Dios falso de los canaanitas, no lo han besado. No debemos en este momento, quizás podemos pensar, quizás pensamos que no tenemos los recursos para ayudar a los afligidos, no tenemos los recursos para predicar la palabra de Dios.
¿Dónde están los predicadores? ¿Por qué la iglesia no está creciendo? ¿Dónde están los creyentes? Pero para levantar obreros, para levantar pastores, para tocar los corazones del pueblo, para creer, esta es la obra del Espíritu Santo y no podemos entender el poder del Espíritu Santo, no podemos entender la sabiduría de Dios, porque las cosas ocurren de esta manera, pero confiamos en la sabiduría, el poder de Dios sobre las fuerzas naturales y la misericordia de Dios, porque encontramos esto en Jesucristo. Encima de todo es el Cristo crucificado, como dice Pablo en 1 Corintios 1, 18-25, no predicamos nuestra propia sabiduría, no tenemos fuerzas en nosotros mismos, pero en Cristo crucificado, que es locura para los que no creen, pero es poder de Dios para los que creen. Cristo en la cruz, ¿qué locura es esta? Si Dios está en la cruz, está muriendo en la cruz, pero en la muerte de Cristo es la victoria, es la victoria sobre el diablo, el pecado y la muerte, y creemos en esto.
No tenemos la evidencia ahora, pero en el día final, en el día del juicio, el día del juicio viene, muchas veces parece que no hay justicia en este mundo, pero viene el día del juicio de Dios, cuando todos los cuentos serán cancelados y todos los que sufren reciben la sanación y la alegría. Entonces, esta es nuestra confianza, confiamos en este momento de crisis, este momento de los dobles terremotos, buscamos las oportunidades para dar testimonio a Cristo en la manera que podemos. No pensamos y no tenemos recursos, ¿qué significa nuestra ayuda, nuestro recogimiento de alimentos, ropa y comida? Pero el propósito es para dar testimonio que creemos que podemos ayudar a nuestros hermanos y proclamar el amor de Dios a todos.
Esta es nuestra confianza, nuestra esperanza, y en esto tenemos la paz que sobrepasa todo entendimiento. Amén.