28 agosto, 2026

Gracia y paz en nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

Algunas iglesias luteranas han dejado de utilizar la Biblia Reina-Valera, revisión de 1960 (RVR 1960), la versión más difundida en América Latina durante el siglo XX. en favor de la Reina-Valera Contemporánea (RVC), una revisión cuyo supuesto objetivo es presentar el texto en un español contemporáneo propio de América Latina, sin romper la continuidad con la tradición iniciada por Casiodoro de Reina en 1569 y revisada por Cipriano de Valera en 1602.

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La Reforma del siglo XVI produjo tres traducciones de la Biblia que marcaron el desarrollo de las lenguas y la literatura moderna. La primera fue la Biblia alemana de Martín Lutero, publicada en su totalidad en 1534. A ésta le siguieron la Biblia Reina-Valera en español y la traducción al inglés de la Biblia conocida como la Biblia del rey Santiago, también conocida como la Versión Autorizada, fue publicada en 1611. Hoy en día lo utilizan muchos cristianos fuera de la Iglesia Anglicana, incluidos los luteranos de hablan inglés. Hoy en día, el español y el inglés se encuentran entre los idiomas más hablados en el mundo. La Biblia Reina Valera y la Biblia del rey Santiago siguen estando entre las traducciones más leídas, en particular la Reina-Valera, revisión 1960, entre los evangélicos hispanohablantes.

Casiodoro de Reina, una vez un monje y, más tarde, pastor luterano, publicó su traducción de la Biblia en 1569, se llama “La Biblia del Oso” por su frontispicio con un dibujo de un oso consumiendo un panal que simbolizaba la Palabra de Dios. Su traducción fue revisada en 1602 por Cipriano de Valera. La principal diferencia entre la traducción original y la Biblia Reina-Valera de 1602 fue la inclusión de los libros deuterocanónicos dentro del Antiguo Testamento en la original, mientras que la versión de 1602 colocó los libros deuterocanónicos entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Ha habido varias revisiones desde 1602 hasta la actualidad, pero la RVR 1960 sigue siendo la más popular. Se considera que las revisiones posteriores a 1960 están infectadas con las tendencias hacia el método de la equivalencia dinámica, que prioriza la claridad del sentido sobre la reproducción estricta de la forma original, con el fin de ofrecer un texto fluido y comprensible para la lectura pública y personal. Una debilidad del método de equivalencia dinámica es que el significado del texto original puede verse fácilmente oscurecido por los prejuicios teológicos del intérprete. Esto es el caso con la Reina-Valera Contemporánea. En algunos textos, se prioriza la claridad del sentido general sobre la reproducción estricta de la forma original, lo que implica decisiones interpretativas que pueden reducir matices presentes en el hebreo o el griego.

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Los manuscritos originales de los libros de la Biblia, o autógrafos, ya no existen. Sin embargo, se conocen aproximadamente 5.800 manuscritos griegos del Nuevo Testamento, más de 5.000 manuscritos hebreos del Antiguo Testamento y más de 24.000 traducciones antiguas en idiomas como el latín, el copto y el siríaco.

La Reina-Valera original y otras traducciones clásicas de la Reforma se basan en el *Textus Receptus* (término en latín que significa «texto recibido») que es el nombre por el cual se conoce el texto griego del Nuevo Testamento editado por Erasmo de Róterdam (Desiderius Erasmus) e impreso por primera vez en 1516. Este texto representa a un conjunto de manuscritos en lengua griega del Nuevo Testamento, de los cuales los más antiguos datan aproximadamente del siglo X. Los manuscritos del *Textus Receptus* constituyen un pequeño subconjunto de lo que hoy se conoce como la forma textual bizantina. La forma textual bizantina fue el texto estándar del mundo cristiano de habla griega desde aproximadamente el siglo IV hasta la invención de la imprenta de Gutenberg y representa la mayoría de los manuscritos griegos del Nuevo Testamento existentes (más del 80 porciento).

Hoy en día, al conjunto de todos los manuscritos griegos existentes se le denomina el «Texto Mayoritario». El *Textus Receptus* y el Texto Mayoritario coinciden entre sí mucho más de lo que cualquiera de ellos coincide con los textos críticos publicados por los eruditos en los últimos doscientos años. El método de traducción basado en el Texto Mayoritario consiste en seleccionar la lectura que aparece en la mayor cantidad de manuscritos. Los defensores de la «prioridad bizantina» sostienen que esta forma textual representa los autógrafos originales mejor, citando su abrumadora superioridad numérica y su uso ininterrumpido en la Iglesia.

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El proyecto de la RVC fue desarrollado por las Sociedades Bíblicas Unidas. El trabajo fue concluido en 2009, y en 2011 la versión fue presentada oficialmente. Supuestamente, su propósito no fue producir una traducción completamente nueva, sino revisar y actualizar el texto clásico, conservando la identidad, el estilo y la herencia literaria de la Reina-Valera. Desde el punto de vista lingüístico, la RVC busca una mayor naturalidad de expresión, actualizando vocabulario y estructuras gramaticales en desuso, y ajustando la sintaxis al castellano moderno. En cuanto a su base textual, la RVC utiliza la Biblia Hebraica Stuttgartensia para el Antiguo Testamento y, para el Nuevo Testamento, un texto crítico ecléctico basado en las ediciones académicas modernas.

La Biblia Hebraica Stuttgartensia está basada en el texto del manuscrito bíblico que se encuentra en la biblioteca pública de San Petersburgo (el llamado « Códice de Leningrado »). Bajo el auspicio de la Sociedad bíblica alemana, la Biblia Hebraica Stuttgartensia se publicó en fascículos entre los años 1967 a 1976 y en un solo tomo en 1977 en Stuttgart, Alemania, de ahí que se llame Biblia de Stuttgart o «Stuttgartensia».

El texto crítico es un texto ecléctico elaborado por un comité que compara las lecturas de un gran número de manuscritos para determinar cuál de ellas tiene más probabilidades de acercarse al original. Los estudiosos usan varios métodos para decidir la reconstrucción más probable, como la supuesta fecha de composición (las ediciones más antiguas son preferidas por regla a las más nuevas), la distribución geográfica de una particular lección y corrupciones accidentales o intencionales del texto.

Al igual que otras traducciones basadas en el texto crítico y el método de equivalencia dinámica, la RVC no es realmente fiel a la doctrina de la inspiración verbal y plenaria. La doctrina de la inspiración verbal y plenaria sostiene que cada palabra y cada parte de las Escrituras poseen autoridad divina y son inerrantes. Las palabras mismas, la gramática, la sintaxis —todo— están inspiradas.

Los dogmáticos luteranos del siglo XVII desarrollaron esta formulación precisa para defender la *sola scriptura* frente a la tradición católica romana y el racionalismo. Figuras clave como Johann Gerhard y Abraham Calovius argumentaron que el Espíritu Santo supervisaba la elección de las palabras, asegurando que no se anularan los estilos ni las personalidades de los autores humanos, pero garantizando que sus textos siguieran siendo la Palabra de Dios misma. Esta postura sostiene que los autógrafos originales eran infalibles y que la promesa de Dios garantiza la preservación de estas palabras inspiradas a través de las generaciones, convirtiendo a la Escritura en la norma suprema (*norma normans*) para la fe y la práctica.

Hoy en día está ganando terreno una perspectiva de la inspiración según la cual el Espíritu Santo inspiró al hombre, no al escrito en lugar de reconocer —como dicen las Escrituras— que «toda la Escritura es inspirada por Dios» y que hombres movidos por el Espíritu Santo escribieron lo que escribieron. La falta de fidelidad a la inspiración verbal plenaria lleva a elecciones de palabras que oscurecen importantes verdades bíblicas.

Comencemos con una de las menos objetables: los versículos iniciales del Evangelio de Juan, capítulo uno.

En la RVR 1960, el primer versículo dice así: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.” Luego, el versículo 14 dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.”

La primera definición de verbo en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es sonido o sonidos que expresan una idea. La palabra griega “logos” tenía un significado mucho más amplio que el “verbum”(latín), pero era costumbre traducirlo así. Por su forma masculina, “verbo” indica claramente que el logos es la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Por otro lado, el RVC traduce “logos” de esta manera: “En el principio ya existía la Palabra. La Palabra estaba con Dios y Dios mismo era la Palabra.” No hay razón para preferir “palabra” a “verbo” y la forma femenina hace mucho menos claro que el sujeto sea la Segunda Persona de la Trinidad. Porque el versículo 14 en la RVC habla de “la Palabra se hizo carne,” El versículo 15 debe decir, “Juan dio testimonio de ella,” mientras la RVR 1960 dice, “Juan dio testimonio de él”, claramente Jesucristo.

Procedamos a errores más graves de la RVC.

Isaías 7:14 es una profecía mesiánica muy conocida, pero veamos el contexto. En la época del profeta Isaías, alrededor del 743-739 a. C., la Tierra Prometida estaba dividida en el reino del norte de Israel y el reino del sur de Judá. El reino del norte se alió con Siria contra Judá. El Señor le asegura al rey Acaz, descendiente de David, que está con Judá y que los planes de conquista de la alianza del norte quedarán en nada. De hecho, el reino del norte de Israel, también conocido como Efraín, sería destruido por los asirios en el plazo de sesenta y cinco años. Pero el Señor también advierte a Acaz que si no confía en Dios, el reino del sur tampoco durará.

Acaz no respondió a este mensaje consolador, puesto que ya había hecho arreglos para obtener la ayuda de Asiria. En un esfuerzo sincero por lograr que depositara su confianza en la ayuda del Señor, Dios le ofrece a Acaz no solo su palabra, sino cualquier señal que Acaz quisiera para demostrar su buena voluntad. Pero Acaz, con inicua incredulidad y repugnante hipocresía, dijo: No pediré ni tentaré al Señor. Habiendo decidido ya conseguir la ayuda de Asiria, rechazó la oferta de Jehová con un pretexto hipócrita. Cuando la incredulidad asume las vestiduras de la piedad, el efecto es mucho más repugnante que la blasfemia y la burla abiertas. Por eso el Señor le dice a Acaz que la única señal que la casa de David recibiría a partir de ese día estaría relacionada con la promesa del nacimiento del Mesías del linaje de David. Eso sucedería mucho después de la caída de Judá de la gloria.

Ahora, acerca de esa profecía en sí. Algunas traducciones modernas de Isaías 7:14, como la RVC, cometen el error de traducirlo como “la doncella concebirá”, no como “la virgen concebirá”. Algunos eruditos han debatido sobre el hecho de que la palabra hebrea utilizada no es “bethulah”, que se refiere explícitamente al estado de una mujer joven que no ha conocido a un hombre, sino “almah”, que se refiere a una mujer joven y soltera, sin hacer referencia explícita a su virginidad. En la antigua sociedad israelita, el término “almah” refleja una etapa en la vida de una mujer antes del matrimonio, en la que se la considera pura y apta para el matrimonio. La expectativa cultural era que una “almah” sería virgen, ya que la castidad prematrimonial era muy valorada. La Septuaginta, la traducción griega del Antiguo Testamento que apareció antes del nacimiento de Cristo, traduce “almah” en Isaías 7:14 como “parthenos”, que significa explícitamente “virgen”. San Mateo usa la palabra parthenos al citar Isaías 7:14 en Mateo 1:23. Esto es después de que Mateo explica que José tomó a María como su esposa, a pesar de que ella estaba embarazada, porque el ángel le reveló que había concebido por el poder del Espíritu Santo. Incluso en la primera profecía mesiánica, Génesis 3:15, se da a entender que el Mesías sería la simiente de la mujer, no del hombre. En Romanos 5:12-21, San Pablo explica que era necesario que Jesús naciera de una virgen para romper el ciclo del pecado original y convertirse en el segundo Adán.

Así que no debemos ser como el rey Acaz y despreciar la Palabra de Dios y la maravillosa señal que nos dio en la encarnación de su hijo, sino regocijarnos y confiar en su promesa de que, así como sufrimos la muerte física a causa de la desobediencia del primer Adán, participaremos de la resurrección del segundo Adán.

Otro error se encuentra en nuestro nuevo himnario, que se basa en la traducción Reina-Valera Contempóranea. El Salmo 16 está designado para la Pascua en el leccionario. La Reina-Valera, revisión de 1960, Salmo 16:10 se lee así: “Porque no dejarás mi alma en el Seól, ni permitirás que tu santo vea corrupción.” La palabra חסידך (ḥă·sî·ḏe·ḵā) significa “Santo Fiel” y refiere al Mesías. Aquí está el comentario del Dr. Rodolfo Blank en su libro “Salmos” (pga. 607): “El apóstol Pedro cita las palabras del Salmo 16 en su memorable predicación del primer Pentecostés cristiano (Hechos 2:25-31). Tanto Pedro como Pablo subrayan que, cuando David dice, ‘no permitirás que sufra corrupción tu siervo fiel”, el salmista no habla de sí mismo, porque David ciertamente murió y sufrió la corrupción. El cuerpo de David, como dice Lutero, llegó a ser pasto de gusanos. ¿En quién, entonces, hallaron su cumplimiento las palabras del Salmo 16? Tanto Pedro como Pablo dicen que las palabras de David hallaron su cumplimiento en Jesucristo, quien fue resucitado de los muertos al tercer día. Su cuerpo no sufrió corrupción; su alma no permaneció en el reino de los muertos.”

Sin embargo, la RVC dice aśi: “Porque no me abandonará en el sepulcro, no dejaras que sufra corrupción quien te es fiel.” El significado mesiánico está oscurecido.

El Salmo 8 es el salmo designado para celebrar la circuncisión y el nombramiento de Jesús el primer de enero, ocho días después de la Navidad, seleccionado específicamente como profecía mesiánica. Versículos 4-5 en la RVR 1960 dicen así: “Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites? Le has hecho un poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.” “Hijo del Hombre” debe entenderse como Jesucristo, según el segundo capítulo de Hebreos. El autor de Hebreos cita el Salmo 8:4-5 y luego continúa: “Pero vemos a Jesús coronado de gloria y de honra, el cual fue hecho un poco menor que los ángeles, por el padecimiento de su muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.” La frase hebrea traducida como “que los ángeles” en la Septuaginta y en Hebreos es מֵאֱלֹהִ֑ים (mê-’ĕ-lō-hîm). Por supuesto, אֱלהִים (ĕ-lō-hîm) es un sustantivo plural. Cuando se usa en plural como sustantivo singular, se refiere al único Dios verdadero (Génesis 1:1). Cuando se usa como sustantivo plural, significa dioses o seres celestiales (Éxodo 18:11; Salmo 86; Deuteronómio 10:17). Para evitar decir que Jesús en su naturaleza divina no es igual a Dios, la Septuaginta y el autor de Hebreos dicen que él, en su naturaleza humana, fue hecho un poco menor que los ángeles. No hay justificación para traducir la frase, como lo hace la RVC, como “un poco menos que un dios”. Esto despoja al salmo de todo significado mesiánico.

Por estas razones, no hago que nuestra congregacion lean estos salmos del nuevo himnario. Tampoco leo las lecturas de la RVC, sino de la RVR 1960. Asimismo, recomiendo la RVR 1960 para el estudio bíblico personal y en familia.

Espíritu Santo, gracias por hablar por los profetas y apóstoles. Continúas, te suplicamos, a iluminar y guiar a la iglesia en toda verdad por medio de la Palabra escrita, el testimonio de los profetas y apóstoles. Defiendas y gobiernes la iglesia de tal modo que sea preservada en la doctrina pura de tu Palabra salvadora. Envía tu luz y tu verdad hasta los fines de la tierra. Levanta pastores fieles que prediquen y enseñan el Evangelio. Amén.

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