6 septiembre, 2026
Tú luz venció las sombras del temor.
Tú luz venció las sombras del temor.

Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos; y clamaban en alta voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero.  Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y los cuatro seres vivientes; y se postráron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios,  diciendo: Amén: La bendición y la gloria y la sabiduría, y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean á nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?  Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Éstos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.  Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos.  Ya no tendrán más hambre, ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno. Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida: y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.  Apocalipsis 7:9-17

El juicio de Dios contra los que habían hecho su templo una cueva de ladrones fue igual en aquel tiempo de Jesús (Lucas 19:41-48) como en el tiempo del profeta Jeremías (Jeremías 7:1-11). Los babilonios destruyeron el Templo de Salomón, pero Dios les permitió a los judíos a regresar y reconstruir su ciudad y su templo, porque la promesa mesiánica no fue cumplida. Lo permitió a los romanos a destruir el templo la segunda vez, y hasta hoy en día, no hay otro templo en Jerusalén. Esto significa el fin del pacto antiguo con Israel, porque Israel rechazó a su Mesías, todos los sacrificios, las ceremonias de los judíos en el Antiguo Testamento, señalaba a los Mesías al Cristo. Y Cristo vino y ellos rechazaban, entonces este es el fin del antiguo pacto. Dios no negó sus promesas a Israel, a Abraham, ni a Israel, ni a David, pero ahora los fiel remanente de Israel en aquel tiempo fue los que creen en Jesucristo como su Señor y Salvador.