La multitud comprendió que Jesús cumplía la profecía mesiánica de Zacarías 9:9-12, así que lo recibieron con palmas y el saludo mesiánico del Salmo 118: «Bendito el que viene en el nombre del Señor». Pero como ni ellos ni siquiera sus propios discípulos habían presenciado aún la Resurrección, no entendieron que su triunfo sería morir en la cruz ni lo que eso significaría para ellos. Nosotros no tenemos esa excusa.