Y he aquí unos hombres que traían sobre un lecho a un hombre que estaba paralítico; y procuraban meterle, y ponerle delante de Él. Y no hallando por dónde meterlo a causa de la multitud, subieron a la azotea y por el tejado lo bajaron con el lecho y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Y al ver Él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados. Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a murmurar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? Y Jesús, percibiendo los pensamientos de ellos, respondió y les dijo: ¿Qué pensáis en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados, o decir: Levántate y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados” (dijo al paralítico): A ti digo, levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Y al instante, se levantó en presencia de ellos, y tomando el lecho en que había estado acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. Lucas 5:18-25
Encontramos en el Nuevo Testamento muchos milagros, es decir, manifestaciones del poder de Dios que anulan las leyes naturales temporalmente. Como Creador del cielo y la tierra, Dios hizo las leyes naturales, sin embargo, su poder sobrepasa el orden de la creación. En ambos el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, el patrón que vemos es las manifestaciones sobrenaturales del poder divino significan la intervención de Dios en la historia humana y una nueva revelación de la voluntad divina. Por ejemplo, en la cuenta del Éxodo, leímos de las diez plagas, la división del Mar Rojo, maná en el desierto, truenos y relámpagos en el monte Sinaí y mas. Además, Números 11:24-25 dice así, “Y salió Moisés, y dijo al pueblo las palabras de Jehová. Y juntó a los setenta varones de los ancianos del pueblo, y los hizo estar alrededor del tabernáculo. Entonces Jehová descendió en la nube, y le habló; y tomó del espíritu que estaba en él, y lo puso en los setenta varones ancianos; y fue que, cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron.” En este caso, la extraordinaria manifestación del Espíritu Santo se dio solo para validar la autoridad de los setenta ancianos para ayudar a Moisés. Luego, después de la entrada del pueblo Israel en la Tierra Prometida, muchas años pasaron sin manifestaciones directas del poder divino y en 1 Samuel 3:1 leímos “la palabra de Jehová era preciada en aquellos días; pues no había visión manifiesta”.
Ahora, bien, en su ministerio público, nuestro Señor abrió los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos y sanó otras enfermedades, echando afuera los demonios para cumplir las profecías mesiánicas. Ejemplo, Isaías 35:5, “Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán”. Jesús citó esta profecía y otras en Lucas 7:22, “Y respondiendo Jesús, les dijo: “Id, decid a Juan lo que habéis visto y oído; cómo los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es predicado el evangelio.”
Estos milagros sirvieron como señales para confirmar que Jesús es el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento y además para validar su autoridad de perdonar los pecados como el Señor dice en Lucas 5. Y cuando Jesús entregó el oficio de las llaves a los apóstoles, es decir, el oficio de retener y perdonar pecados en su nombre, les permitió el mismo poder de sanar los enfermos, echar afuera los demonios y mas. “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán serpientes; y si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos pondrán sus manos y sanarán” (Marcos 16:15-18). Entonces, las manifestaciones del poder divino significaban que los apóstoles tenían la misma autoridad de Cristo para perdonar pecados.
Bueno, ahora algunos pueden decir que no solo los apóstoles mostraron extraordinarios dones del Espíritu. En Hechos 21, leímos de las cuatro hijas de Felipe el Evangelista que profetizaban y el profeta Agabo. Estas cosas ocurrieron porque en el día de Pentecostés el Espíritu Santo fue derramado sobre toda la iglesia para cumplir la profecía de Joel 2:28-32, como dice San Pedro en Hechos 2:17-18. Es claro, por lo tanto, que nuestro Señor en varias ocasiones confirió a todos su iglesia en el primer siglo el poder de hacer obras milagrosas. La pregunta es, ¿hoy en día la iglesia tiene acceso a este poder?
Aún en el primer siglo, no todos recibieron los dones de sanar los enfermos, hablar en lenguas, profetizar, etc. Como dice San Pablo en 1 Corintios 12:4, “ Hay diversidad de dones; pero el mismo Espíritu es” y en versículos 29- 30, “¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Todos hablan lenguas? ¿Interpretan todos?” La respuesta es no, pero todo recibieron el mismo Espíritu en el bautismo. También, San Pablo dice en 1 Corintios 13:8, “La caridad nunca deja de ser; mas las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará”.
Por supuesto, todas la profecías del Antiguo Testamento se cumplieron en Jesucristo. Entonces, se acabaron. La profecía de Joel se cumplió en la época de los apóstoles. Aún la profecía en Marcos que los apóstoles tomarán serpientes en sus manos fue cumplida en Hechos 28. La única profecía que queda por cumplir es el regreso de nuestro Señor en gloria.
Y por eso debemos tener cuidado de esas sectas hoy en día que sostienen que poseen los dones espirituales extraordinarios que poseía la iglesia primitiva. El Espíritu Santo tiene el mismo poder hoy en día como en el primer siglo. Hoy el Espíritu puede contestar la oración con un milagro de sanación. Si la iglesia necesita una manifestación especial de su poder, el Espíritu puede hacer eso.
Pero, el mismo Espíritu nos asegura que no hay necesidad de nueva revelación y señales para validar una supuesta revelación. San Pedro dice así en su segunda carta (2 Pedro 1:16-21), “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas artificiosas; sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad,” pero también, “Tenemos además la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien de estar atentos como a una lámpara que alumbra en lugar oscuro hasta que el día esclarezca, y la estrella de la mañana salga en vuestros corazones.” San Juan dice dos veces en su evangelio que Jesucristo hizo mucho mas milagros en la presencia de sus discípulos de los que están escritos en cualquier número de libros, pero los se han escritos “para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31). Finalmente, Juan escribió en Apocalipsis, el último libro canónico, “Porque yo testifico a cualquiera que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios añadirá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la santa ciudad, y de las cosas que están escritas en este libro.”
Que quiere decir, las Sagradas Escrituras contienen todo que necesitamos saber para la salvación, todo necesitamos saber sobre las últimos días y la vida que ha de venir. No necesitamos mas visiones o sueños. Porque San Pablo dice las profecía se acabarán y las lenguas cesarán, rechazamos esas manifestaciones como marca necesaria de la santa iglesia que el Espíritu Santo la llama y congrega alrededor la Palabra y los sacramentos. Tenemos la promesa que el Espíritu Santo está presente y activo en la predicación de la Palabra en su pureza y la administración de los sacramentos en la manera que el Señor los ordenó.
Además, las manifestaciones extraordinarias del Espíritu Santo, no son parte de la obra de santificación. Como dice San Pablo, todos reciben el mismo Espíritu y los frutos del Espíritu en nuestras vidas son la fe, la esperanza y el amor. El bautismo con agua en el nombre de Dios trino es el bautismo en el Espíritu Santo y en el nombre de Jesucristo también. No hay segundo o tercero bautismo para recibir dones especiales.
Envía, suplicámoste, todopoderoso Dios, tu Espíritu Santo a nuestros corazones de modo que Él nos dirija según tu divina voluntad, nos fortalezca y consuele en todas nuestras pruebas y sufrimientos, nos defienda de todo error y nos guíe a toda verdad, que estando firmes en la fe, crezcamos en el amor y en las buenas obras y finalmente obtengamos la vida eterna. Por Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y con el Espíritu Santo, siempre un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.