23 julio, 2026
7 junio, 2026

Dios nos amó primero

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Passage: Génesis 15:1-6, Salmo 33, 1 Juan 4:16-21, Lucas 16:19-31
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Gracias y paz en Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en el calendario de la Iglesia hemos concluido nuestra reseña de la vida y el ministerio terrenal de Nuestro Señor. La temporada ahora es la temporada del crecimiento de la Iglesia desde la época de los apóstoles hasta el día en que Nuestro Señor venga en gloria otra vez por el juicio final. El color litúrgico es verde porque también esta es la temporada de las lluvias y el crecimiento de las cosechas.

Tal vez alguien podría preguntar, ¿qué es el tema común entre nuestras lecturas para hoy? En la lectura del Antiguo Testamento, la lectura del Antiguo Testamento es una cuenta de la promesa de Dios a Abraham de la descendencia. En nuestro apóstol para hoy, 1 Juan 4, 16 a 21, Juan habla del amor de Dios y el amor a nuestros hermanos. En el Evangelio, Lucas 16, 19 a 21, tenemos una parábola sobre la vida después de la muerte física y el destino de dos hombres.

En un sentido, la lectura del Antiguo Testamento, Génesis 15, 1 a 6, nos da un fondo para el Evangelio, porque en este momento en su ministerio, Jesucristo habla en términos que los judíos pueden entender, es decir, la imagen de la vida en la presencia de Dios es parecer en el seno de Padre Abraham. Entonces, en nuestra lectura del Antiguo Testamento, Dios prometió a Abraham en sus vejez muchos descendientes, como los estrellas en el cielo, más que el podría contar. Es interesante observar Génesis 15, versículo 2. Dios prometió a Abraham, Señor Jehová, que me verás, siendo así, que ando sin hijo, y mayordom de mi casa es esta damasceno Eliezer.

Dijo también Abraham, mira que no me has dado prole, y aquí que será mi heredero, un esclavo nacido en mi casa. Eliezer es un nombre, también en otra forma, Eleazar, se encuentra varias veces en la Biblia, su significado en hebreo es Dios es mi ayuda. En la parábola de Lucas encontramos el mémbro de Lázaro, y Lázaro es una forma griega de Eleazar.

También Lázaro fue el nombre del hermano de Marta y María de Betanía, quien Jesús los citó de la muerte. Vemos en nuestro Salmo para hoy, Salmo 33, versículo 20, nuestro alma espera Jehová, nuestra ayuda y nuestra escuda es Él. Pero más importante es versículo 6 de nuestra lectura del Antiguo Testamento, Abraham creyó a Jehová y le fue contado por justicia.

Este es el tema que Pablo desarrolla en Romanos capítulo 4, que somos salvos sólo por la fe, somos justificados por la fe en las promesas de Dios. En nuestro Evangelio para hoy, Lázaro fue salvo no por sus méritos, pero por la fe, y entonces él fue un verdadero hijo de Abraham. Porque este es el tema también de nuestra parábola, ¿quién es un verdadero hijo de Abraham, o hijo de Dios, o un miembro del pueblo de Dios? En el Antiguo Testamento el pueblo de Dios era el pueblo Israel, ahora es la Iglesia, somos hijos de Dios por adopción y bautismo, por causa de los muertos méritos de nuestro Señor Jesucristo.

Además, no debemos creer que nuestro estado terrenal es una señal de favor o de la ira de Dios, Lázaro no mereció su pobreza, tampoco el hombre rico no mereció sus riquezas. Esta parábola no menciona la resurrección ni el día final, pero tenemos evidencia en la división de la alma o espíritu del ser humano y el cuerpo en la muerte física, el alma se fue a su destino que será ratificado en el día final. La presencia de Dios o fuera de la presencia de Dios, no hay otro estado como el purgatorio entre la vida eterna y la muerte eterna.

Y por el fundamento de nuestra fe tenemos no solo el testimonio de Moisés y los profetas, pero también el que verdaderamente resucitó de la muerte en el tercer día para vivir para siempre, es decir, Jesucristo, y los que creen creen por la fe y los que no creen rechazan aún el testimonio de nuestro Señor. Somos el pueblo de Dios por medio de la palabra y los sacramentos que Dios nos ofrecemos por el Evangelio de Jesucristo de que Jesús ha hecho todo para nosotros en la cruz. Sin embargo, el Espíritu Santo está activo en esta vida cristiana hoy en día y la verdadera fe da frutos, frutos del Espíritu que muestra el amor de Dios para el mundo no solo por nuestras palabras, también por nuestras acciones.

Como dice San Juan en nuestro epístola, Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios, y Dios en él. En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros para que tengamos confianza en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en este mundo.

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.

Si alguien dice yo amo a Dios y abrace a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, como puede amar a Dios a quien no ha visto. Y nosotros tenemos este mandamiento de él, el que ama a Dios, ame también a su hermano.

La palabra traducida amor en estos versículos es el palabra griega agape, que significa el amor que busca el bienestar del ser amado no recompensa. No es un sentimiento que nos haga sentir bien. Dios es agape significa, agape es la naturaleza de Dios, el amor que busca nuestro bienestar, nuestra salvación hasta que enviara a su único hijo hasta la cruz para nosotros.

Entonces el mendigo Lázaro estaba echado a la puerta del hombre rico lleno de llagas y comió de la comida de los banquetes del hombre rico con los perros, no por misericordia pero por la lujuria del hombre rico. Es como hoy en día también hay hombres y perros en las calles buscando la comida en la basura. Este tipo de cosas no debería ocurrir.

Dios ha encargado a nosotros el cuidado de nuestros hermanos, nuestros hermanos en la fe, de nuestros familiares y todos los que alrededor de nosotros. Porque Dios nos amó primero en Cristo, podemos mostrar el amor de Dios a otros en la proclamación de las buenas noticias pero también en obras de misericordia. Podemos contar la canción, porque tu Dios es amor, tu puedes, tu puedes amar, porque Jesús es la luz, tu puedes perdonar.

Dame Señor tu perfecto amor, quiero permanecer en ti, derrama Jesús de tu luz en mi, porque tu eres amor. Amén.

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