21 octubre, 2026
27 septiembre, 2026

El que se humilla será enaltecido

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Passage: Proverbios 25:6-14, Salmo 2, Efesios 4:1-6, Lucas 14:1-11
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Gracia y paz en  nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.

Nuestra lectura del Antiguo Testamento  (Proverbios 25:4-16) y el Evangelio de hoy (Lucas 14:1-11), el décimoséptimo domingo después de Trinidad, tiene algunas cosas en común, algunos paralelos, como muchas veces este es el caso. Primero, la metáfora de una boda de la fiesta. La fiesta de una boda fue una gran ocasión entre los judíos. Una boda dura para dos semanas, una semana o más, con mucha celebración. Quizás algunos de ustedes fueron involucrados en la planificación de una fiesta, de una fiesta de la boda. Necesita mucha planificación. Hay planes para todos, planes para dónde está la puesta de cada persona en la boda, dónde está cerca de la mesa con los novios, quiénes son los más distantes, más lejos de la familia.

Pero Jesús notó en nuestro Evangelio para hoy, algunos de los fariseos buscan el primer lugar para mostrar su posición en la comunidad. Ellos tienen dentro de ellos el orgullo. Entonces Jesús tiene este consejo y encontramos este mismo consejo en el libro de Proverbios. Si eres  invitados a una boda, no busques el primer lugar, tomes el último lugar primero.Y si el anfitrión dice, amigo, ven acá. Este es tu puesto. Es más honor para ti para ser llamado a tomar un lugar más alto que tú tienes. Al contrario de decir, amigo, vas al último lugar porque este es reservado para otra persona. Y en el libro de Proverbios este es presentado como consejo de sentido común. Esta es una cosa que debes aprender cuando tú eres en un banquete. No buscas primero el primer lugar para ti. Y espérate para ser sentado y acepta tu puesta a la mesa.

El libro de Proverbios es parte de la categoría de los libros del Antiguo Testamento. Se llama los libros de sabiduría. Hablamos sobre esto con los representantes de los tareas dirigidas. ¿Qué significa sabiduría para los judíos en el Antiguo Testamento? En su sentido más amplio es para conocer todo lo que es la voluntad o el diseño de Dios. Es para conocer lo que es útil para esta vida, el conocimiento de la creación, los capacidades para trabajar que necesitas para trabajar, para vivir en este mundo como leer, como la matemática, o para vivir como vecino con otros. Y esto es como encontramos en Proverbios en la forma práctica de vivir en este mundo. Proverbios es en la forma de un padre hablando con su hijo. Dice al hijo, estas son las cosas que necesitas saber para vivir una larga vida, larga y feliz. Por eso el cuarto mandamiento tiene esta promesa. Honra a tu padre y tu madre porque la experiencia de tu padre y madre puede ayudarte en este mundo para vivir en tranquilidad y paz. Entonces esto es presentado como consejo de un padre por su hijo para vivir en este mundo. Y esto es muy valioso. Y todos los Proverbios tienen este tipo de consejo. Como buscar para una esposa, como vivir en paz con todos los hombres.

Pero en nuestro Evangelio el Señor tiene otra perspectiva de este mismo ejemplo, el mismo consejo. Porque el Señor nos ha hablado solo sobre una cosa de este mundo. Cómo debe ser tu comportamiento en una boda, es válido. Pero muchas personas piensan que la religión es solo esto. Consejos para vivir en este mundo con otros, para tener una vida tranquila en este mundo. Pero hay más en las palabras del Señor. Está buscando no solo esta vida, pero para la eternidad, para la vida eterna. Qué es importante para la eternidad. Porque vivamos en este mundo por un rato, pero la vida más larga no es nada en comparación con la eternidad con Dios. Y qué entonces, qué es importante para pensar en esta vida. No solo en esta que es delante de nuestros ojos ahora. Pero debemos pensar en nuestra relación con nuestro Padre Celestial. O, como dijo en el Evangelio para hoy, por el príncipe o el rey que convidó la boda o la banquete. Porque el Señor habla de esta boda, esta cena de la boda, como convidado por un príncipe, un rey.

¿Qué rey está hablando? Está hablando sobre Dios. Nuestra meta, nuestra invitación en el Evangelio es para ser convidados en esta banquete de las bodas eternas. Tenemos en este mismo capítulo 14, el Señor habla dos veces de una gran cena como la convocación de la salvación de Dios. En la parábola, en versículos 15 a 24, el Señor habla de una gran cena como el reino de Dios. Un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos. Pero muchos rechazan la invitación. Dicen, yo tengo un buey que quiero probar. Tengo una parcela de terreno. Pero rechazan la oportunidad para vivir siempre con Dios. Este es el problema con muchas personas. Muchas personas piensan en su boda, su familia o su parcela de tierra, de su terreno. O cualquier otra cosa es más importante que el reino de Dios. Pero no es más importante que es importante para tener la propia relación con Dios. Y con otra persona para reflejar nuestra relación de Dios. Y más, los fariseos pensaban en el primer lugar de una boda o en la mesa, en la cena.

No solo en este mundo, en una banquete en este mundo. Pero también ellos pensaban, ellos pueden tomar el primer lugar en el reino de Dios, en la banquete celestial. Ellos pensaban, ellos fueron primeros en la cena del Señor y menospreciaban a otros. No muestran misericordia y ayuda para otros. Entonces el Señor dice, cualquier que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido. No debemos tener orgullo en nuestra salvación porque somos salvos solo por la gracia del Señor.

No por nuestros propios méritos, pero solo porque Cristo pagó el precio de nuestros pecados en la cruz. Pagó nuestra deuda, entonces por la misericordia de Dios. Por Cristo tenemos la invitación a la boda solo por la fe en Jesucristo. No por nuestras buenas obras, no por nuestros propios méritos. Entonces tenemos que tener humildad, dice Pablo en nuestro epístolo (Efesios 4:1-6). Trata con otros con humildad y mansedumbre. Porque todos tienen el mismo Dios, el mismo Padre de todos. Y recibamos la salvación por los mismos medios de gracia.

Primeramente el bautismo, solo un solo bautismo. Todos recibamos el bautismo como niños, es decir no por nuestras propias fuerzas. Sino por un don de Dios, un don de nuestros padres, un don del Espíritu Santo. Entonces tenemos en esta la gracia de Dios.

No tenemos algo encima de otros en el reino de Dios. Pero todos tienen el mismo Dios y Padre de todos. Entonces debemos tratar con otros en este mundo en esta misma manera. Que no ponemos nosotros en el primer lugar. Pero nosotros en el último lugar esperamos que recibamos nuestra recompensa en el día final. Cuando Dios dice ven, buen siervo. Entra en el gozo, la alegría que es preparado. Para ti, para siempre. Entonces en este mundo vivamos en humildad.

La esperanza de nuestro puesto en la mesa de la gran cena en el cielo. Esta garantizada para nosotros por Jesucristo, por su muerte. Y entonces en esto tenemos nuestra fe y esperanza. Y la paz que sobrepasa todo entendimiento. Amén.

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