23 julio, 2026
14 junio, 2026

Esta es la fiesta de victoria de nuestro Dios

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Passage: Proverbios 9:1-10, Salmo 34, 1 Juan 3:13-18, Lucas 14:15-24
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Gracia y paz en Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Estamos en la temporada de la Iglesia, la otra mitad del calendario de la Iglesia. La primera mitad trata con la vida y ministerio terrenal de Nuestro Señor Jesucristo. Ahora hablamos primeramente sobre el crecimiento de la Iglesia en la época de los apóstoles, también en nuestra época ahora, en los años en que estamos viviendo, y la misión de la Iglesia.

¿Qué es la misión de la Iglesia? Recuerda, antes de su Ascensión, nuestro Señor encargó a sus apóstoles con la autoridad de predicar el Evangelio, las buenas noticias de la salvación a todo el mundo, a todas partes del mundo. Y esta es nuestra misión, nuestra gran comisión, para proclamar las buenas noticias, la promesa de la vida eterna de Jesucristo a todas las personas. Y la imagen, el dibujo que nuestro Señor usó en nuestro Evangelio para hoy, Lucas 14, 15 a 24, es como un gran banquete, una gran fiesta de las bodas.

Esta no es la única vez que el Señor usa esta visión, este cuadro de cumplimiento de la misión del Señor. Es una fiesta de las bodas que dura para siempre. En aquel tiempo, en aquella cultura, la hospitalidad fue muy importante para reunirse alrededor de la mesa, para compartir la comida. Fue un tiempo de compañerismo. Fue muy valioso para la gente en aquel tiempo. Significa amistad, significa amor, amor de la familia, amistad con los amigos.

Entonces, en ese sentido, cada vez ellos reunieron alrededor de la mesa, fue un evento sagrado para ellos, fue un tiempo importante. Y para nosotros en nuestras casas también es una oportunidad para compartir con nuestra familia nuestra alegría, nuestros placeres, nuestras angustias. También para dar gracias a Dios, para compartir una meditación sobre la palabra de Dios.

Alrededor de la mesa con nuestras familias entonces es importante para buscar por el tiempo, para hacer el tiempo, para hacer la comida y reunimos sobre la mesa. Pero esta es solo una imagen de la gran banquete cuando todos serán reunidos alrededor de la mesa de Dios. Una mejor imagen también, la mejor imagen también es la Santa Cena en nuestras iglesias.

Cada vez que celebramos la Santa Cena en nuestras iglesias, esa es una imagen, un preestreno del gran banquete en el cielo cuando reunimos alrededor del trono de Dios para compartir con los otros santos en la presencia de Dios, todos los dones de Dios que tiene para siempre. Esta es la comunión de los santos que confesamos en nuestra credo, pero la Santa Cena está ahora. Pero, la promesa es para después del día final, después de la muerte, en la vida que ha de venir, en el mundo que ha de venir. Reunimos con todos nuestros seres queridos, todos los otros fieles alrededor del trono de Dios para siempre.

Es como las fiestas de los bonos de los judíos duraron casi dos semanas. Toda la gente fue a esta fiesta para celebrar el matrimonio por dos semanas. Entonces, tenemos también la parábola de los diez vírgenes basada en la costumbre para el desfile del novio desde su casa hasta la casa de la novia para celebrar la fiesta de las bodas. También el Señor bendijó una fiesta de las bodas, la boda de Cana cuando fue hecho vino de agua. Porque esta es la alegría, estos son dones que el Señor nos da en esta vida.

El matrimonio, el compañerismo de la familia, la alegría para ser con otras personas. Este es don de Dios y no podemos imaginar los dones de Dios en el fin, en el cielo. Pero entonces esta misión de la iglesia es como la proclamación del Evangelio en todo el mundo. Que esta comparación de nuestro Señor hizo en nuestra parábola para hoy es como una invitación. Una invitación a la boda. Invitación a la boda de alguien importante, el rey, el rey del cielo. La boda entre Cristo y su iglesia es el fin de nuestra historia. Pero nosotros tenemos la tarea de pasar a todos esta invitación. Ven, ven acá, ven acá. Como la lectura del Antiguo Testamento, Proverbios 9, 1 a 10. Ven acá. La sabiduría ha mezclado su vino, ha preparado la comida. Los que tienen sed, los que tienen hambre, ven, ven aquí. Ven a la fiesta. Esta es nuestra tarea entonces.

Y el Señor dice, ¿qué hacemos entonces? Vemos al mundo para proclamar este gran evento, esta gran cena, esta gran boda, esta fiesta. ¿Y qué pasa cuando toda la gente no acepta esta invitación? Cuando los que rechazan, lo rechazan, dice en la parábola, los siervos del Señor se fueron a invitar los invitados a la boda. Dice, ahora vamos a la boda, a la fiesta.

Y ellos hacen excusas, excusas patéticas. Oh, yo compré una parcela y yo, tiene que yo verla. Pero, ¿quién va a comprar una parcela sin vista? ¿Quién compra buey sin probar primero? Oh, me voy a casarme, no tengo tiempo.

Pero mira las excusas de la gente hoy en día para no asistir a la iglesia, para no oír la palabra de Dios. ¿Cuántas excusas tienen? Oh, no tengo tiempo, no tengo otra persona. Otra cosa más importante que la adoración de Dios.

¿Qué es más importante de la vida eterna? ¿Qué es más importante que las nuevas buenas noticias de la salvación? Pero ellos no creen, ellos rechazan. ¿Y qué dice en nuestra parábola? Si ellos rechazan la invitación, ¿qué pasará? Pierden la oportunidad porque la oportunidad no es para siempre. Ahora es el tiempo de gracia.

Entre la Ascensión de nuestro Señor y cuando el Señor venga otra vez en gloria, tenemos la oportunidad de arrepentir de nuestros pecados y esperar la salvación, la culminación de la promesa del Señor. Pero no para siempre. La advertencia es no es para siempre. Cuando el Señor venga en el día final, no hay otra oportunidad. Ese es el día del juicio. Es el día de justicia cuando todos reciben su recompensa. Los que confían en la palabra de Dios recibirán su recompensa. Los que no confían recibirán su recompensa. Entonces, debemos tomar en cuenta. Pero el Señor dice también a nosotros, sus siervos, no rendirse. Busca a otros. Hay bastante espacio alrededor de mi mesa.

Busca a los afligidos, los necesitados, las personas que necesitan la palabra de Dios. Las personas en las calles, los pobres, los ciegos, todas las personas que no tienen esperanza, no tienen propósito en su vida, tienen sus problemas. Busca cuidar, invitar a ellos y cuidar para ellos.

Porque en nuestro epístola, 1 Juan 3, 13-18, el Señor dice, el que abrece a su hermano no ama a Dios. Mostramos el amor de Dios para cuidar a otros. No solo para proclamar la palabra de Dios, no es para solo palabras, pero en hechos mostramos que Dios nos ama. Dios nos amó primero, entonces nos amamos a otros para traernos a la vida eterna. No solo para aliviar sus aflicciones por un rato, pero es válido para ayudarlos en el día de angustia. Pero la idea es finalmente para traerlos al reino de Dios, para recogerles ovejas en el rebaño, para cuidar por ellos hasta que Cristo venga.

Esta es nuestra misión, nuestro propósito como iglesia, y no debemos hacer distinciones de personas. En esta parábola, por supuesto, los primeros invitados son los judíos, el pueblo de Dios, pero el pueblo judío rechazaron a Jesucristo, entonces a ellos no tienen la promesa del Señor. Ahora la iglesia, todos los que creen en Jesucristo tienen esta promesa de Dios, y esta promesa es para todos.

Todos los que están en aflicción, todos los que están en necesidad, todos los que necesitan la palabra de Dios, porque ellos sienten en sus corazones la necesidad del Señor, especialmente los que no tienen esperanza en esta vida, los que están sin ayuda. Si ellos reciben la ayuda de nosotros, ellos están en una posición más fácil para confiar en la misericordia de Dios, la misericordia para perdonar sus pecados. Entonces ellos pueden recibir esta palabra de salvación con alegría.

Y siempre hay espacio, siempre hay espacio para todos. El Señor dice, sigan adelante en buscar para las personas, para invitar a la vida eterna, porque siempre hay una necesidad. Siempre hay los que en necesidad físicas, pero también espirituales, también búscalos, búscalos y traer a mí para recibir la vida eterna, para ser hijos de Dios, para no ser perdidos, para vivir con Dios para siempre, pero los que rechazan la palabra no tienen otra oportunidad.

Entonces nuestra misión de la iglesia es para buscar en todas partes del mundo, porque el Señor dice, tú serás mis testigos primero en Jerusalén, pero hasta los fines de la tierra. Entonces tenemos esta tarea, pero no es un cargo, no es un cargo de peso, es una alegría. Esta es nuestra alegría para buscar para otros, para compartir el amor de Dios y en el fin la alegría de la vida eterna.

En esto tenemos paz que sobrepasa todo entendimiento. Amén.

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