23 julio, 2026
Tú luz venció las sombras del temor.
Tú luz venció las sombras del temor.

Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y palmas en sus manos; y clamaban en alta voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado sobre el trono, y al Cordero.  Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y los cuatro seres vivientes; y se postráron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios,  diciendo: Amén: La bendición y la gloria y la sabiduría, y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean á nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Entonces uno de los ancianos habló, diciéndome: Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son, y de dónde han venido?  Y yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Éstos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero.  Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo: y el que está sentado en el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos.  Ya no tendrán más hambre, ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno. Porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida: y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos.  Apocalipsis 7:9-17

No debemos creer que nuestro estado terrenal es una señal de favor o de la ira de Dios, Lázaro no mereció su pobreza, tampoco el hombre rico no mereció sus riquezas (Lucas 16:19-31). Esta parábola no menciona la resurrección ni el día final, pero tenemos evidencia en la división de la alma o espíritu del ser humano y el cuerpo en la muerte física, el alma se fue a su destino que será ratificado en el día final. La presencia de Dios o fuera de la presencia de Dios, no hay otro estado como el purgatorio entre la vida eterna y la muerte eterna. Y por el fundamento de nuestra fe tenemos no solo el testimonio de Moisés y los profetas, pero también el que verdaderamente resucitó de la muerte en el tercer día para vivir para siempre, es decir, Jesucristo, y los que creen creen por la fe y los que no creen rechazan aún el testimonio de nuestro Señor.