23 abril, 2026
12 abril, 2026

La paz sea contigo

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Passage: Ezekiel 37:1-14, Salmo 3, 1 Juan 5:4-10, Juan 20:19-31
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¡Cristo ha resucitado! ¡Ha resucitado en verdad!

El último domingo, el domingo de la Pascua, el domingo de la Resurrección, hablamos sobre el cuerpo glorificado de nuestro Señor en la resurrección. Pablo dice, todos nosotros en el día final vamos a resucitar, resucitaremos con el Señor transformados. Los muertos que resucitarán, también los que vivirán en aquel día, recibirán un cuerpo glorificado sin debilidades, sin enfermedades para vivir para siempre en nuestro carne con nuestro Señor.

También leemos en el libro de Job, que esta creencia de la resurrección de la carne, encontramos en el Antiguo Testamento, otra vez en nuestra lectura de Ezequiel 37:1-14 encontramos otra vez esta idea que el Espíritu Santo puede restaurar la vida, y no solo la vida, pero el espíritu a los huesos secos. Esta fue la idea de los judíos, que el alma y el espíritu fue una unidad, y vamos en la resurrección, en el día final, vamos a restaurar la división del cuerpo t alma que ocurre en la muerte física. Porque no fue el propósito de Dios en el principio para separar el alma y el cuerpo, pero con la redención tendremos la restauración de todo nuestro ser, cuerpo y alma, y esta nueva vida comienza con el bautismo. Nuestra naturaleza pecaminosa todavía está muriendo, pero la vida espiritual está creciendo en nosotros, y un día resucitaremos con cuerpos glorificados por el Espíritu Santo que obra en nosotros.

Y en nuestro evangelio para hoy tenemos un preestreno del cuerpo glorificado de nuestro Señor, el cuerpo glorificado como nuestro Señor apareció a sus apóstoles. Esta es la primera apariencia al Señor a todos los apóstoles después de su resurrección. Recuerden el cronograma, temprano en el primer día de la semana, el domingo, algunas mujeres se fueron a la tumba del Señor para, ellos no tienen tiempo antes del día de reposo para preparar el cuerpo según su costumbre, entonces ellos se fueron a la tumba con especias aromáticas y hallaron el sello de la tumba, la gran piedra removida, la guardia romana se fueron, pero la tumba fue vacía. Ellos vieron dos ángeles que dicen, ¿por qué buscas el Señor Jesucristo ante los muertos? Él vive, entonces ellos se fueron a hablar con los apóstoles y los apóstoles no los creyeron, aunque Pedro y Juan corrieron a la tumba y también la tumba fue vacía.

Jesús apreció el Cristo resucitado, ¿quién fue la primera persona para ver el Cristo resucitado? Una de las mujeres, María Magdalena y luego en el mismo día fueron dos discípulos en camino al pueblo de Emaús y ellos vieron Jesús en el camino y no reconocieron primero, María Magdalena no reconoció a Jesús antes de que Jesús la llamó por nombre, María, entonces María vio a Jesús. Los dos discípulos en camino no reconocieron a Jesús hasta en la cena, En una cena leyendo la palabra de Dios, Él abrió la palabra de Dios a ellos y de repente ellos vieron, este es el Señor y Él se fue.

Entonces ¿cómo conocieron a Jesús? Por sus propias fuerzas, no, por la Palabra de Dios, su Palabra de sus labios cuando el Señor llamó a María por su nombre y cuando ellos oyeron la Palabra de Dios escrito. También en una cena alrededor de una mesa. Pero estos discípulos, estos dos se fueron a los 11, los discípulos que serían apóstoles, menos Judas Iscariote. ¿Dónde estaban? ¿Qué ocurrió con los discípulos de Jesús, los más cerca a Jesús por tres años en la crucifixión? Solo uno fue presente delante de la cruz, Juan, el discípulo que Jesús le amaba, los otros huyeron. Pedro negó a Jesús tres veces en la corte de Poncio Pilato. Entonces ellos como Pedro fueron asustados por los enemigos de Dios, los autoridades de los judíos y los romanos y ellos fueron escondidos en un cuarto en Jerusalén con los puertos cerrados. Por ellos fueron asustados por los autoridades, pero Jesús apareció adentro de nosotros y dice “Paz a vosotros”.

Esta es la reconciliación entre ellos porque ellos, como Judas, todos traicionaron a Jesús en su manera. Solo judas perdió la oportunidad para arrepentir porque mató a sí mismo, pero los otros huyeron, Pedro lo negó. Pero Jesús apareció entre ellos no para condenar, pero para decir “Paz a vosotros”, entonces esta es su reconciliación con nosotros cuando en nuestra liturgia comportemos la paz en Cristo diciendo “La paz sea contigo,” porque esta es la señal que no tengo nada entre los que están reunidos para recibir la sangre y cuerpo del Señor. Dice a cada uno, “La paz sea contigo”, como el Señor dice, “Paz a vosotros.”

Pero mire, Él entró, los puertos fueron cerrados, pero Él apareció, es decir, tiene su cuerpo sin límites que nosotros tenemos. Nosotros no podemos pasar por puertos cerrados, pero en la resurrección si, en el cuerpo glorificado que vamos a compartir con nuestro Señor cuando resucitaremos en el día final, si. Pero es el mismo cuerpo, este es el Señor sí mismo, como dice cuando recuerden cuando Jesús apreció a los discípulos andaban en el mar Galilea, ellos dicen, oh, es un fantasma, pero él dice no, no soy un fantasma. Mire aquí estoy, este es mi cuerpo.

En su cuerpo glorificado Él tiene las marcas de los clavos de la crucifixión y en su costado cuando el soldado romano penetró su costado con la lanza, él tiene las marcas, este es el mismo cuerpo pero glorificado. Viva para siempre, no es un cuerpo muriendo, pero tiene las marcas de la lucha en este mundo. Tomás no fue presente, probablemente Tomás tiene sus dudas y no quiere congregar con los otros discípulos, y dice no yo no creo sino ver con mis propios ojos sus manos y en su costado. El señor ocho día después apareció a los Tomás.

Entonces nosotros tenemos esta palabra de Dios, que el Señor vive en su propio cuerpo, él ascendió, regresó al Padre. Pero no como el bajó del cielo. Él bajó del cielo para ser nacido del Virgen María, para tomar nuestra naturaleza y regresó al Padre en su naturaleza humana. Nunca perdió su naturaleza divina, pudo a lado sus poderes divinos, pero cuando regresó al Padre para ser a la derecha de Dios Padre todoporoso, Él regresó en su naturaleza humana, en su cuerpo glorificado, para nosotros podemos compartir en la muerte de nuestro señor, en la muerte física, también comportemos en el bautismo de nuestro Señor en el río Jordán, comportemos en la muerte física de nuestro señor y vamos a compartir con él en la resurrección, en la glorificación de nuestros cuerpos para vivir con él para siempre.

Pero algo más también en nuestro evangelio para hoy, entonces Jesús le dijo otra vez, “Paz a vosotros, como envió al padre así también yo los envió, y habiendo dicho esto, sopló y les digo, recibid el Espíritu Santo a quienes repetiréis los pecados, los son repetidos, a quien se los retuvieréis, les son retenidos.” Que está pasando aquí entonces, que hizo el Señor cuando, recibid el Espíritu Santo, yo los envió, a quien está hablando, los 11 apóstoles, menos Judas, menos Tomás, pero restauró a Tomás luego. Pero este instituyendo el Oficio de los Llaves, que hablamos sobre en nuestro Catecismo, el Oficio de los Llaves de la Iglesia.

Primero dice recibid el Espíritu Santo, pero no está el Día de Pentecostés todavía. En el Día de Pentecostés, el Señor derramó Espíritu Santo sobre todo la Iglesia y todos hablaron en lenguas. Pero también dice recibid el Espíritu Santo yos apóstoles recibió la autoridad para predicar en el nombre de Jesús, para como dice el Señor, a bautizar y administrar los sacramentos, aparte de la derramada del Espíritu Santo sobre toda la Iglesia.Toda la Iglesia fue reunida en Pentecostés, pero aquí están solo los 12 apóstoles. Entonces el Señor instituyó el Oficio de los Llaves y el oficio pastoral.

El oficio de lo pastoral no es igual, no es parte del sacerdocio real de todos los bautizados, de todos los creyentes. No todos son llamados para ser ministros de la Iglesia para predicar públicamente y administrar los llaves de la Iglesia públicamente. Pero sabemos que el Oficio de los Llaves, primero fue dado a los apóstoles. Ellos fueron autorizados directamente de Jesucristo, directamente de los labios de Jesucristo, el Señor llamó a los 11, los 12 apóstoles para ser sus ministros, para públicamente predicar y administrar los sacramentos. Luego derramó el Espíritu sobre toda la Iglesia, entonces sabemos en la Iglesia ahora, el Oficio de los Llaves no pertenece solo a los apóstoles, pero a toda la Iglesia. Todo el pueblo de Dios tiene mayordomia  del Oficio de los Llaves y puede llamar pastores para predicar la Palabra de Dios.

La Iglesia en su totalidad tiene esta autoridad. No debemos esperar para el Señor apareció entre nosotros para directamente llamar a los pastores y maestros, pero la Iglesia tiene el mayordomía del Oficio de los Llaves. Es decir, la Iglesia por sus ministros debidos llamados pueden predicar la ley a los pecadores no arrepentidos y el Evangelio a los pecadores arrepentidos, los que han arrepentido de su pecado pueden recibir las buenas noticias, son listos para oír las buenas noticias del Señor Jesucristo. Pero también la Iglesia tiene que predicar a los no tiene temor de la justicia de Dios, tú eres pecador, necesitas el Salvador Jesucristo, tú necesitas arrepentir de sus pecados. Debe decir este es bueno, este es malo en los ojos de Dios y tiene la autoridad del Señor Jesucristo sí mismo, por medio de su Espíritu Santo, por medio de las Sagradas Escrituras, tenemos esta seguridad cuando el pastor dice en lugar y por mandato de nuestro Señor Jesucristo te perdono todos tus pecados, amén.

Entonces este es el Oficio de los lLaves que la Iglesia tiene para llamar a los pastores, para proclamar, esta es la ley de Dios, todo que es contra la ley de Dios es pecado, estas son las buenas noticias porque Cristo pagó la deuda de nuestros pecados en la cruz y tiene la victoria sobre el pecado, el diablo y el mundo. Pero sólo por fe en Cristo podemos ser salvos, sólo los que creen y serán bautizados serán salvos. Todo esto es la obra del Espíritu Santo, la obra del Espíritu Santo después de la ascensión de nuestro Señor. El Espíritu Santo obra la fe en el bautismo, obra en la Iglesia la predicación y la administración de los sacramentos y un día el Espíritu Santo obra la resurrección de nosotros para vivir siempre con nuestro Señor Jesús y este es el ministerio de la reconciliación que Pablo habla en 2 Corintios, somos el pueblo de Dios.

Tenemos la mayordomía del Oficio de los Llaves. ¿Como sabemos? Pedro usa las mismas palabras, habla de la Iglesia como el pueblo Israel, tú eres un sacerdocio real. Todo el pueblo de Dios en el Antiguo Testamento fue un sacerdocio real y en Génesis 12-3 en su promesa a Abraham, Dios llama a Abraham, y dice así: “Bendeciré los que te bendijeran y los que te maldijeran, maldiceré y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Esta  es la misma promesa el Señor dijo a Abraham, en tu familia tú vas a ser una gran nación y tiene en esta descendencia, ellos tienen la autoridad, la identidad como pueblo de Dios y los que les bendicieron serán bendecidos y los que maldicieron serán maldecidos. También los que rechazan la Palabra de Dios predicada por la Iglesia serán maldecidos por Dios, pero los que escuchan serán bendecidos, es decir, reciben la misma promesa de la vida eterna.

Entonces somos el pueblo de Dios, somos la nueva Israel, tenemos la misma promesa del Señor a Ezequiel, el Señor dijo a Ezequiel , voy a resucitar a este pueblo, los muertos de su pueblo y todos van a vivir delante de mí como un gran ejército, el ejército del Señor es la Iglesia. Ahora vamos en marcha a la vida eterna al día de la resurrección y en esto tenemos nuestra fe, esperanza y la paz que sobrepasa todo entendimiento. Amén.

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