Nuestra antorcha en el mundo oscuro
Feliz Epifanía. Hoy es el último día de la temporada de Epifanía. Después de la Navidad tenemos esta temporada. Comenzamos con la visita de los Reyes Magos y hablamos sobre varias epifanías, manifestaciones del poder divino de Jesús durante de su ministerio terrenal, de su vida en este mundo, las manifestaciones de Jesús como Dios verdadero. Pero cuando delante de la Semana Santa, hasta la Resurrección, vimos más enfatizado su naturaleza humana, su identidad como un hombre verdadero, pero Jesús nunca dejó su divinidad, siempre ser verdadero Dios, y a veces Dios permite ver que Jesús claramente es Dios, muchas veces con una manifestación de luz. Entonces en la Epifanía tenemos la estrella de Belén, es una manifestación de luz.
Hablamos también sobre el primer milagro de Jesús, la boda de Cana, su bautismo por supuesto, la manifestación también de la voz del Padre del Cielo con las mismas palabras que los discípulos oyeron hoy. “Este es mi amado hijo, escúchalo.” Tenemos esta manifestación, no solo por todos, no solo por todos los discípulos todavía, solo con los tres, Pedro, Jacobo o Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo.
Ellos tienen un papel especial en las cuentas de los discípulos de Jesús, tienen dos apóstoles, pero oímos más de Pedro y los dos hijos de Zebedeo más que otros. Pedro muchas veces fuera el vocal de los apóstoles, él habló para ellos, pero Juan y Jacobo, Juan y Santiago, su madre, leemos que su madre pidió a Jesús, permite a mis hijos sentarse a una a su derecha y otra a su diestra. Jesús reprendió su orgullo de sus hijos, pero él permite a ellos un papel especial para ellos, porque Santiago, hijo de Zebedeo, fue el primer apóstol para morir por la fe, leemos esto en el libro de Hechos. Primero, el diácono Esteban fue el primer mártir por la fe, y después en esta primera ola de persecución en Jerusalén, porque viene la persecución después de Pentecostés, cuando toda la Iglesia fue a Jerusalén, por errores, el rey Herodes. Santiago, hijo de Zebedeo, murió primero, y luego, según las tradiciones posteriores, Juan, hijo de Zebedeo, fue el último apóstol para morir, el único apóstol para morir en sus veas, los otros fueron mártires, todos los otros, pero Juan entonces escribió el Evangelio según San Juan, este es el Juan, el evangelista, también tres cartas, tres epístolas, y el libro de Apocalipsis.
Apocalipsis fue el último libro del Nuevo Testamento, el fin del primer siglo, los últimos años del primer siglo. Juan entonces escribió estas cosas, Santiago, por supuesto, murió probablemente antes de escribir algo, porque la carta de Santiago más probable fue escrita por otro Santiago, Santiago, el hermano de Jesús. El autor de la carta solo dice, que identificó a sí mismo como Santiago, el siervo de Dios y el Señor Jesucristo, y claramente no necesitó más introducción, entonces, probablemente fue Santiago, el hermano de Jesús, porque Santiago, el hijo de Zebedeo, murió muy temprano en la historia de la Iglesia. Pero Juan y estos, vio la transfiguración de Jesús, y que extraño solo los que escribieron la cuenta de esta transfiguración, que los que no fueron presentes, Mateo, Lucas y Marcos, tienen la historia de la transfiguración, pero Juan habla con esta en una manera indirecta, donde habla Juan sobre la transfiguración de Jesús, en el primer capítulo de Juan, Juan 1-14, y aquel verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como unigénito, del Padre lleno de gracia de verdad. ¿Cómo sabemos este versículo refiere a la transfiguración? Porque habitó entre nosotros, es la misma palabra cuando Pedro dice, Señor hagamos tres pabellones, tres enramadas, la palabra en griego es el mismo como verbo, es como habitó entre nosotros, es como pone su tienda entre nosotros, esta es la palabra, la palabra para tabernáculo, o tienda, o pabellón, o para enramada.
Esta es la misma palabra en griego, entonces, esta significa, Juan está hablando sobre la transfiguración, habitó entre nosotros y vimos la gloria, la gloria del unigénito del Padre. Esta es la referencia de Juan, para la transfiguración. Claramente tenemos Pedro, en esta carta de Pedro (2 Pedro 1:16-21), Pedro hizo una referencia a esta transfiguración, pues “Cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, les fue enviado desde la magnífica gloria de uno voz, y decía, este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia, y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo.”
Entonces, esta es la referencia de la transfiguración, porque Jesús dijo a él, esta trace, no habla con esta antes de mi muerte y resurrección, y por supuesto, después ellos hablan con esta, y esta en nuestros evangelios, como la manifestación de Jesús, antes, la última manifestación, antes de su muerte y resurrección. Porque esta debe ser entendido, que esto ocurrió, por la profecía, para cumplir toda la voluntad de Dios, para cumplir toda la justicia.
Recuerden en la historia del bautismo de Jesús, Juan el Bautista dice, no señor, tu debes bautizar a mi, yo no debo bautizar a ti, pero Jesús dice, para cumplir toda justicia, para cumplir toda la voluntad de Dios, y después, viene en voz, del mismo voz del cielo. El Padre dice, este es mi amado Hijo, tengo complacencia con él. Los tres, Pedro, Juan y Santiago, oyeron la misma voz, las mismas palabras, y por ello significa, este es, el Hijo de Dios, y ellos vieron con Jesús. Jesús resplendeció, su divina naturaleza fue revelada, en este momento.
Durante su ministerio terrenal, la gente vio a un hombre, un hombre común, un carpintero, pero en este momento, su rostro todo fue brillando con la luz, la gloria de Dios, la gloria que fue reflejado en el rostro, de Moisés, en nuestra lectura del antiguo testamento (Éxodo 34:29-35). Moisés, subió al monte Sinaí, y recibió los dos tablas de la ley del pacto, antiguo pacto. Bajó el monte, después de cuarenta días, y los israelitas fueron adorando, el becerro de oro a otro Dios, entonces, Moisés, echó las tablas en el suelo, y ellos fueron quebrantados, pero otra vez, después de tratar con su hermano Aarón, y los que adoraron el becerro de oro, subió otra vez al cielo, y pidió el perdón de Dios, por este pueblo, y pidió también Dios, Dios permite ver su gloria, y Dios dice a Moisés, nadie puede ver mi luz, mi gloria, y vivir. Pero Dios dice mira, esconde en esta roca, y voy a pasar arriba, y tú puedes ver mi espalda, entonces Moisés vea la espalda de Dios, y después de esto su rostro resplandece, con la reflexión de la gloria de Dios, y la gente fue asustado, para ver la gloria de Dios, reflejado en el rostro de Moisés.
Pero estos discípulos vieron, con sus propios ojos, directamente la gloria de Dios, en Cristo Jesús, y esto fue un preestreno entonces, de que nosotros podemos, ser en la presencia de Dios, con Jesús, en la presencia de Jesús, somos en la presencia del Señor. Muchas veces hay un velo de nuestros ojos, el Pablo dice, luego dice, ahora vemos en parte, como en un espejo, nos vemos directamente, en aquel día del juicio, vemos cara a cara a Jesús, en su gloria, pero aquí está una manifestación, de la gloria de Dios.
Pero Pedro dice, esta experiencia en sí mismo, no es todo, porque ellos vieron con Jesús, Moisés y Elías, porque Moisés y Elías, Moisés fue el dador de la ley, la ley de Dios, Elías fue el profeta, que proclama esta ley en el antiguo testamento al pueblo. La ley de los profetas, esto es como dicen los judíos, refieren al Antiguo Testamento. Moisés representa la ley, los profetas representan los otros libros del Antiguo Testamento, y todos estos señalaban a Cristo Jesús, y esta es la evidencia, para los tres, Pedro, Juan y Santiago, que Jesús fue el cumplimiento, del Antiguo Testamento, Él es el Mesías, el Prometido, el cumplimiento de la Palabra de Dios.
Por eso podemos entender, Pedro en dos sentidos. Pedro dice, somos testigos de ojos, de la gloria de nuestro Señor Jesucristo, en este momento en el santo monte, pero después, cuando ellos, también ellos fueron asustados, por la presencia de Dios, por la nube de la luz y la voz del Padre, y callaron el suelo, y cuando vieron otra vez, solo vieron Jesús, Jesús dice, mira, vamos abajo, bajo el monte para los valles, de la sombra de la muerte, como Moisés bajó el monte, Moisés fue en la presencia de Dios, pero bajó el monte para tratar con este pueblo de pecadores.
También los apóstoles deben bajo el monte santo para tratar con este mundo oscuro, para proclamar la luz de nuestro Señor Jesucristo, y no, confiaban todo, todo en su propia experiencia, tienen la afirmación, de la Palabra de Dios, por esta visión de Jesucristo, pero, fue, ratificado por la palabra de Dios, porque este es el cumplimiento de la palabra de Moisés.
Dice Pedro, tenemos la palabra más seguro, en dos sentidos, entonces para ellos, porque ellos vieron Jesús con Moisés y Elías, la Palabra de Dios para ellos fue más seguro, porque, Jesús fue el cumplimiento de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento, ellos sabían ahora, porque fue escrito, todo fue escrito, pero también por la visión que Dios.
Dios les dio, entonces Pedro dice, tenemos más confianza, en la palabra de Dios, porque vemos, porque lo que vemos, pero también la palabra sí mismo, es más seguro que solo una visión, la visión debe confirmar, a la palabra de Dios, porque la palabra, el testimonio de los otros, este es por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo habló por los profetas, también por los apóstoles, los milagros, las visiones solo son, afirmaciones de la verdad que está, escrito por el Espíritu Santo, la palabra de Dios.
Entonces Pedro dice, las Escrituras no son por interpretación, privada Debemos, buscar el testimonio de la Iglesia, de los profetas y los apóstoles, y interpretar cada visión, cada, sueño, por la Palabra escrita, la palabra que, el Espíritu Santo nos ha dado, y guarda esta por la Iglesia, congrega la Iglesia alrededor de la Palabra de Dios. Cuando una persona dice, yo tengo sueños, yo tengo una visión, que no está en la Biblia, no confiamos en esta, solo confiamos en la Palabra de Dios, esta es la relación.
Dios contesta nuestras oraciones, puede ser tenemos un, algo que interpretamos como una, la voz de Dios, pero no confiamos en esta, confiamos en el testimonio, de los profetas y apóstoles, que fue confirmado por otra, en cada época fue confirmado, la palabra de Dios con señales, con visiones, pero no todos nosotros necesitamos, los señales y visiones, los tres, fueron dado una visión, no todos los apóstoles, solo los tres, pero confiamos en el testimonio de los tres, porque conforme a la palabra de Dios, la luz, podemos ver la luz, con la muerte de Jesucristo, lo velo en el templo, el templo fue dividido en dos partes, entonces podemos entrar en el lugar santísimo, en la presencia de Dios, por la justicia de Jesucristo, y en Jesucristo, tenemos la promesa de la vida eterna, con Dios para siempre, pero Jesús vino como un hombre común, en la carne, el Verbo fue hecho carne, fue encarnado en la persona de Jesús, y andar en la tierra santa, y ahora, donde encontramos Jesús, en su palabra, y donde encontramos la palabra de Dios, donde fue predicado en su pobreza, y recibamos los sacramentos, el cuerpo y sangre de Jesucristo, y no vemos la realidad, de esta luz de gloria, la Santa Cena es un preestreno de la, banquete celestial, cuando Dios en su trono, y todos los santos, todos los ángeles alrededor del trono de Dios, y también los santos y los ángeles, están adorando a Dios con nosotros, pero no vemos en este momento, en este mundo oscuro, todo esto con nuestros propios ojos, toda esta luz de Dios, pero tenemos una antorcha, una antorcha en este mundo oscuro, la antorcha es la palabra de Dios, por las escrituras, sabemos nuestro Señor Jesucristo, sabemos el mensaje de la vida eterna, y en esta tenemos nuestra paz, todo lo que necesitamos, para nuestra salvación, el paz que sobra todo entendimiento. Amén.