El que se humilla será enaltecido
Gracia y paz en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Hoy es el decimoséptimo domingo después de Trinidad. Esta es la temporada de la Iglesia. Nuestros temas son mayormente la aplicación de las enseñanzas de Cristo a la vida cristiana, como nuestra vida como Iglesia, o en nuestra vida diaria. En nuestro Evangelio para hoy tenemos un eco de la lectura del Antiguo Testamento en Proverbios.
Dice, no busca el primer asiento para no ser avergonzado. Espera la rey, dice, venga, mi amigo, venga acá, sube más allá. El libro de Proverbios es un libro de proverbios. ¿Qué es un proverbio? Dice, sabía, para aplicar a la vida. Muchas veces, el proverbio es en la forma de un padre enseñando a su hijo cómo vivir la mejor vida en este mundo. ¿Qué tipo de mujer busca para su esposa? La clave es, no busca solo a la apariencia, busca al carácter de la mujer. Pero esta es para… Dice, sabía, por esta vida, nuestra vida diaria en este mundo, ¿qué es más sabio para vivir en este mundo? A veces, aún en proverbios, hay señales a algo más. Pero primeramente, el enfoque es en la vida diaria de este mundo.
Y es buen consejo para no tomar más que… para esperar para el reconocimiento. No busca… No tiene orgullo, demasiado orgullo en su propia persona. No debe ser egoísta. Busca reconocer a otros. No espera por el honor del rey o honor… Para recibir premios, para recibir… En nuestro Evangelio para hoy, hay algo más.
Como dice el último versículo, Lucas 14, “Porque cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido”. ¿Es la regla de este mundo? ¿Siempre esta es la manera en que cosas suceden, que los humildes serán enaltecidos y los orgullosos serán humillados?
En esta vida, en esta vida terrenal, muchas veces nos vemos los orgullosos ganar más y más, y los humildes no tienen reconocimiento. Entonces, este es el ánimo para algunas personas como los fariseos a buscar el favor de los ricos y los poderosos. Como claro en nuestro Evangelio, este es uno de los pasajes cuando Jesús reveló la hipocresía, el orgullo de los fariseos, porque ellos dicen son hombres religiosos, pero busca el favor de los ricos, el mejor asiento en las bodas.
Muchas veces es mejor para esperar reconocimiento de otros y no tocar nuestra propia trompeta, pero a veces hay injusticia. Encontramos la injusticia. No recibamos reconocimiento por nuestro trabajo o parece que no recibamos el reconocimiento que merecemos según nosotros, pero somos egoístas y no tenemos una perspectiva.
Nuestra perspectiva no es infalible. Tenemos perjuicio para nosotros, pero en nuestro Evangelio tenemos esta profecía de nuestro Señor que los humildes serán enaltecidos y los orgullosos serán humillados. ¿Pero dónde? ¿Cuándo, Señor? ¿Dónde está este cumplimiento? Está hablando sobre el reino de la gracia de Dios.
Hablamos sobre diferentes reinos del Señor. El reino del poder de la ley de Dios es cuál? Es la creación. Dios es rey de reyes, soberano de soberanos. Este es el tema de nuestro Salmo. Dios es más allá de todos los príncipes, los poderosos de este mundo y ellos siempre no están, los poderosos de este mundo, no están cómodos bajo el poder de Dios. Ellos buscan liberarlos de la ley de Dios.
La ley de Dios, la voluntad de Dios es soberana sobre todo, pero los poderosos piensan, ellos tienen el poder para hacer lo que ellos piensan es justo, pero la ley de Dios es soberana sobre todo porque Dios creó toda la tierra, todo el cielo, todas las estrellas, todos nosotros. Y Dios burla a los orgullosos, los poderosos, los que confían en el poder y los riquezas de este mundo, porque qué pasa con el poder y los riquezas de este mundo? Está inestable, los reinos de este mundo suben, los imperios suben y caen. Más rápido que pensamos, a veces pensamos, oh, nunca van a cambiar en este mundo, pero todo cambiará en este mundo.
Ningún reino, aún los reinos justos y benignos no duran para siempre, siempre caen. ¿Dónde debemos confiar? No debemos, dice el salmista en otros salmos, no debemos confiar en los príncipes, ¿dónde buscamos, dónde confiamos? En Dios, el rey de reyes, él tiene poder sobre todas las cosas, él tiene todo el, él es el fuente de toda bendición, todo el poder, en este mundo y mucho más en el mundo que ha de venir. El reino del poder de Dios es ahora, muchas veces, parece, ¿qué es el Dios de este mundo? ¿Quién es el príncipe de este mundo? Muchas veces parece Satanás, pero este es una ilusión.
Satanás es el maestro de ilusión, como un mago en el teatro. En la eternidad, el reino de gracia es el reino de la gracia de Dios que recibamos por el bautismo, la nueva vida en Dios que comienza en el bautismo y en la iglesia. La iglesia aquí, nosotros estamos en la reina de gracia de Dios.
¿Y qué dice Pablo sobre la iglesia? ¿Cuántos bautismos son? Un señor, una fe, un bautismo, todos reciben la misma gracia, la misma misericordia de Dios. Entonces, en el reino de la misericordia, el señor está hablando sobre en qué manera acercamos a Dios. Los fariseos pensaban, ellos fueron hombres religiosos, pero dentro de sus corazones, tienen orgullo y egoísmo.
Pensaban en sí mismos, ¿sobre quién? Ellos son más importantes de quién? De Dios, para ellos, en verdad. Ellos acercaban a Dios por sus méritos. Dice, mira, señor, que me lo merezco de sus manos. Yo estoy más importante en su reino, pero el señor dice, no, no es así. Debemos acercar a Dios con humildad, porque todos somos iguales delante de Dios, en el reino de la gracia de Dios. Todos reciben la misma gracia de Dios.
Por eso en Galatas, Pablo dice, no hay judío o griego, no hay hombre o mujer, no hay esclavo ni libre. Todos son iguales de Dios, pero mira, en este mundo hay muchas personas que hablan de igualdad. ¿Igualdad en qué manera? ¿Qué es la igualdad que tenemos en Dios? Bueno, primeramente, todos los vidas humanos son dones de Dios.
Dios creó, no solo Adán y Eva, pero por su voluntad creó todos los seres humanos. El nacimiento de cada niño, y no solo el nacimiento, pero la concepción de cada niño, es un don de Dios, es una bendición de Dios. Y todos somos iguales de esta manera que Dios nos da el don de la vida, no por nuestros méritos, pero por su gracia, por su voluntad.
Entonces, todos los seres humanos en esta manera, recuerdas, todas las naciones, todos los reinos de este mundo es bajo la ley de Dios. Y la ley de Dios es que cada ser humano tiene valor en los ojos de Dios. Dios tiene un propósito por cada vida humana, no importa cuántos años dura la duración de esta vida. Tiene propósito en los ojos de Dios, entonces, cada ser humano tiene dignidad en los ojos de Dios. Entonces, el mandamiento para amar a tu prójimo aplica a todos. A todos, no hay nadie puede matar sin razón, o no puede robar, no puede robar a nadie.
No puede robar a los ricos, no puede robar a los pobres. Debemos respetar los derechos de la propiedad de todos. Pero sin embargo, para muchas personas la igualdad significa igualdad de resultados en este mundo. Pero no hay, porque no hay mucha diferencia en las personas, en los bienes materiales. Algunas personas tienen muchos riquesos, otras son pobres. Algunas personas tienen muchos dones, por eso tienen talentos de música, de los deportes. Tienen más inteligencia, tienen más belleza. Algunas personas tienen más belleza. La mayoría de nosotros tiene nuestras ventajas sobre otras, si podemos ver.
Tenemos privilegios, cada uno de nosotros. Siempre hay personas con menos privilegios, más pobres que nosotros. Hay otras más, que tienen más que nosotros. Y podemos preguntar a Dios, ¿dónde está la justicia? Pero Dios va en el, confiamos en Dios, que Dios en el fin, Dios consolará todos los cuentos. Los que tienen muchos, todos reciben que Dios según la voluntad de Dios. Muchos de los pobres, los humildes serán enaltecidos en el reino de la gloria del cumplimiento de todos los promesas de Dios.
Pero muchas personas buscan la igualdad de resultados, pero esta es su justificación. Un disfraz para envidia y avaricia. Porque, ¿qué dice? Los mandamientos dicen, no sólo no robes, no digas mentiras, pero no codicies.
Cualquier cosa es la cosa de su prójimo. A veces la persona dice, la codicia es, ¿por qué ésta tiene una casa más grande que yo? Yo merece esta casa. ¿Por qué su esposo es más belleza de mi esposa? Yo merezco esta mujer como ésta.
Pero algunas personas dicen, oh, por la justicia. Sólo buscamos la justicia para expropiar de los ricos y dar a los pobres. Pero ésta no es la manera de Dios. La manera de Dios, el reino de Dios, la voluntad de Dios, No prestamos atención a los que tenemos más que nosotros en esta vida. No sabemos qué problemas ellos tienen o qué es su recompensa en el mundo que ha de venir. Sólo Dios sabe.
Pero nuestra actitud debe ser, busca a los que tienen necesidades, los aflagidos y necesitados. Y por nuestra propia voluntad vamos a compartir con otros nuestras bendiciones que Dios nos ha dado. No es por fuerzas, no es por el poder, es por la ley, por decreto. Es por el fruto de nuestra confianza en Dios. Esta es la manera de la iglesia. Esta es la manera del pueblo de Dios. No busca el primer asiento, no busca primero por nosotros, pero busca a otros. Da espacio a otros. Como dice Efesios, soportándonos unos a otros.
Somos uno en el servicio del Señor. La unidad de la iglesia es unidad en servicio para ayudar a otros, a buscar el bienestar de otros. Y de esta manera evitamos la injusticia del mundo. ¿Qué pasa cuando un gobierno expropiar de otros y dar a otros y no respetan los derechos establecidos? Hay conflictos, hay guerras en este mundo. Y por esto los príncipes de este mundo buscan más territorio. Buscan por la justicia. Solo piensan eso es por la justicia. Pero sabemos que todos que tenemos son por la misericordia de Dios. Recibamos encima de todos el perdón de los pecados en Jesucristo.
Cristo bajo del cielo fue humillado. Hablamos sobre su estado de ilusión. Ganó por nosotros la victoria sobre el pecado, la muerte y el diablo. Porque pagó la deuda totalmente de nuestros pecados. Y después él fue enaltecido otra vez a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. ¿Pero qué pasa cuando Jesús fue encarnado de la Virgen María? Y regresó a su Padre. No, todavía fue encarnado. Entonces subió con su humanidad. Él nos levantó también con su ascensión por su naturaleza humana. Nos levantó a nosotros a Dios. Atrae a nosotros a él. Entonces nuestro propósito no es para expropiar. No como este de una persona y dar a otra. O otra y dar a otra. Pero para incorporar a todo en este cuerpo de Dios.
Para compartir voluntariamente con alegría y gratitud por Dios a todas las personas. Es el fruto del Espíritu de Dios. El Espíritu que recibamos en el bautismo no es el fruto del poder de la ley. Los príncipes de este mundo tienen la responsabilidad para mantener orden. Pero no puede hacer el paraíso por el poder por decreto. No por el poder de la espada.
No se restauró el jardín. Somos pecadores. En todos los intentos para hacer el paraíso en la tierra siempre van a fracasar. Pero tenemos esta palabra segura que Dios por su omnipotencia, por su bondad, por su misericordia. Nos ha prometido que en este mundo recibamos todo que necesitamos para vivir como hijos de Dios. Y después recibamos un galardón. Recibiremos un galardón mucho más precioso. La vida eterna en Cristo. Y en esto no le preocupamos con si algunos tienen más.
En este mundo si es por… No debemos… Es la responsabilidad del gobierno para castigar, fraude y robo claramente. La violencia y las mentiras, la fraude. Pero nosotros no debemos preocuparnos solo porque él recibe el éxito y yo no. Debemos solo… Trabajamos por la gloria de Dios y en el fin recibamos el premio más precioso que es la vida eterna. Y en esta hora y para siempre tenemos paz que sobrepasa todo entendimiento. Amén.