Mucho más de lo que pedimos o entendemos
Gracia y paz en nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Mira este milagro, el mismo milagro en la lectura del Antiguo Testamento y nuestro Evangelio de hoy. Qué gran milagro es este para revivificar los muertos a la vida.
No es la resurrección de Jesucristo como Cristo resucitó para vivir para siempre. Es sólo para revivificar, para dar algunos más años en este mundo. Pero esto no es algo que alguien puede hacer hoy en día.
Algunas personas dicen, mira los milagros de la Iglesia Primitiva, de la sanación, de echar afuera los demonios, de hablar en lenguas. ¿Por qué no tenemos, debemos tener estas habilidades hoy en día? ¿Y por qué tenemos esta marca del Espíritu Santo para hablar en lenguas, para sanar a los enfermos? Debemos la Iglesia que tiene el Espíritu Santo en verdad. Pero mira que ellos no hacen. Los que dicen, yo tenemos el poder del Espíritu Santo, hoy como en la época de los apóstoles, somos apóstoles como ellos, somos profetas como ellos. Pero que no pueden intentar. Si alguien muere, muere.
Ellos no tienen poder para resucitar a los muertos. Sólo Dios tiene y Dios por su voluntad. Y por su voluntad, no por ningún poder adentro, no por méritos de nosotros, solo por su misericordia.
Este es uno de tres veces en el Nuevo Testamento que Cristo revivificó un muerto a la vida. Los otros son en Lucas 8, la hija del Jairo. Y también en Juan 11:43, Lázaro, el hermano de María y Marta. Pero hay otras historias en el Nuevo Testamento y en el Antiguo Testamento también. Tenemos hoy en nuestra lectura del Antiguo Testamento, el relato del profeta Elías y el hijo de la viuda de Serepta. Él revivificó la viuda a su hijo.
Luego tenemos otra historia muy semejante en 2 Reyes 4, por el profeta Eliseo, el que fue el profeta después de Elías. También tenemos relatos en Hechos 9 y en Hechos 20, de Pedro y Pablo revivificó la muerte a alguien de los apóstoles. Y porque en muchos de los casos es por la misericordia del Señor.
Especialmente la misericordia por las mujeres como la viuda de Naín. La costumbre en aquel tiempo es cuando una mujer perdió a su esposo, fue la responsabilidad de su hijo mayor para cuidar a ella y a sus viejas. Encontramos esto también en el Evangelio según San Juan en la historia de la crucifixión cuando Jesús en la cruz vio a su discípulo Juan y su madre María delante de la cruz. Y dijo a su madre ahí es tu hijo y a Juan ahí es tu madre. Y en este momento el Señor entregó por su responsabilidad como primogénito de María. Él tiene responsabilidad para ella, pero entregó a Juan. Y Juan dice por la demás de su vida Juan toma a María delante de su casa.
Pero esta viuda de Naín fue un viuda, ha perdido su esposo y solo tiene un único hijo y no tiene otra persona para cuidar a ella en sus vejez. Entonces el Señor tuvo misericordia por ello y revivificó su hijo.
Por misericordia, por la gracia de Dios. Porque Dios es misericordioso, pero su gracia no es por nuestros méritos, es por la voluntad de Dios. Entonces Dios no tiene la misma voluntad o el mismo propósito por todos nosotros.
Vamos a buscar en Hebreos otro pasaje, Hebreos 11. Hebreos 11, versículo 35. Los mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección. Hablamos sobre estas historias de la viuda de Naín y las viudas en la iglesia. Más otros fueron atormentados, no aceptando el rescate a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y además de estas prisiones y cárceles, fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a lo filo de espada, anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados, de los cuales el mundo no era digno, errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.
Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido, proveyendo a Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen perfeccionados a parte de nosotros. Es decir, en este pasaje que dijo el autor de Hebreos, algunas mujeres recibieron sus muertos, pero otros que recibieron otras prisiones y cárceles, vituperios, azotes, fueron apedreados, muchos pruebas y dificultades, muchas cosas cuando la persona dice, ¿dónde está Dios? ¿Y por qué? ¿Por qué es la causa que Dios permite entonces? No sabemos. ¿Por qué Dios hizo un milagro de resurrección, de revivificación? Él permite a esta persona viva algunos años más y otros no.
¿Por qué encontramos entonces estas dificultades en esta vida? Para el desarrollo de nuestra fe en Dios. Para dar gracias a Dios por los bienes que tenemos. Porque ¿qué pasa si no tenemos problemas? Si recibamos todo lo que queremos. No hay problemas en esta vida. No hay dificultades. ¿Qué pasa con personas que no tienen estos problemas? Ellos dar gracias a Dios por sus bendiciones. Nunca aprenderá. Ni busca a Dios por ayuda. Ni dar gracias a Dios por su gracia, su bondad.
Y además, dice en Hebreos, a veces Dios nos ayuda en esta vida con nuestras dificultades, pero si no, ¿qué es nuestra recompensa entonces? La recompensa es por gracia la vida eterna. Siempre enfocamos en la vida. Tenemos la promesa de la vida eterna por el bautismo. Entonces, el Señor está con nosotros siempre aún en los tiempos de prueba de dificultades. ¿Qué es la tentación cuando estamos en prueba? La tentación es para olvidar a Dios y decir, ¿Dónde está? No, Dios no está acá. Pero si no tenemos prueba de la fe, no aprendemos. Al contrario, en todos, oramos a Dios. Siempre oramos a Dios en tiempos de prueba, en tiempos de abundancia.
Damos gracias a Dios, pero si no reconocemos la mano de Dios en lo malo, en todo que ocurre en nuestra vida, no aprendemos a dar gracias a Dios, a orar siempre a Dios, a reconocer nuestra dependencia en las cosas de Dios. Entonces, debemos tener fe. Tenemos que tener fe, no porque haya una garantía de milagros.
Dios puede hacer milagros para nosotros, pero muchas veces no vemos los milagros antes de verlos con los ojos de la fe. Si estamos en nuestra actitud de ser Dios, si hazme un milagro y yo voy a confiar en ti, no es la manera. Debemos confiar en Dios y realizamos los milagros en nuestra vida muchas veces que cosas que no entendemos.
Que dice nuestro Epístola, Dios tiene el poder para hacer mucho más que tenemos entender o pedir o entender. La abundancia de la gracia de Dios es más que nosotros podemos entender, pero no podemos ver esto antes de confiar en Dios. Y los milagros en sí mismos no producen la fe.
Porque qué hace la gente cuando Jesús revivificó a este difunto y presentó a su madre. ¿Cómo respondieron la gente? Oh, mira, un gran profeta, Dios ha visitado a nosotros. Pero ellos creen en Jesucristo como Señor y Salvador.
No reconocemos. Los milagros, los señales de Dios pueden ayudarnos los que confían en Él. ¿Pero qué es la base de la fe? ¿Debemos creer más que milagros? El Señor dice a los ricos del infierno, aun si un resucitó de la muerte, sus hermanos no van a creer porque ellos no quieren creer.
¿Pero qué es la cosa que resucitó los muertos? Todos nosotros somos muertos en el pecado. Somos en el mismo estado que este defunto en el féretro. No podemos mover, no podemos reconocer a Dios.
La gente no busca a Dios. Solo busca a su propio interés. Entonces, ¿qué es lo que cambia todo esto? Es la palabra de Dios, la palabra segura de Dios que tiene poder.
En cada caso en los evangelios, cuando Jesús resucitó a alguien de los muertos, ella toca y llama por nombre o dice a la hija de Jairo, muchacha, levántate. Ella habla directamente a esta. Toca a este cuerpo de este difunto y dice, hijo, joven, levántate.
Y, por supuesto, en el caso de Lázaro, dice, Lázaro, afuera de la tumba. Entonces, por su palabra, la palabra de Jesucristo toca los muertos y restauró los muertos a la vida. También puede tocar a los corazones de nosotros y otros para un milagro mucho más grande, la resurrección en el día final, cuando resucitaremos para vivir para siempre con Jesucristo.
No por nuestras propias fuerzas, pero no por nuestros propios méritos, pero por la Palabra de Jesús. La Palabra Dios nos ha dado. Los milagros sirven para confirmar esta es la Palabra de Dios, pero la Palabra de Dios es lo que nos da la vida.
Y también la Palabra de Dios tiene poder cuando los profetas y los apóstoles predicaban la palabra de Dios, pero ellos no llamó a la vida a estas personas por su propia palabra. Elías, ni Elías, ni Pablo, ni Pedro. Ellos oraban a Dios y proclaman la Palabra de Dios primero por la palabra, no por su propia palabra, pero por la palabra que reciben por Jesucristo.
Entonces, el deber del predicador es para predicar la palabra de Dios. No hay garantía de señales ni milagros. Dios tiene el poder para hacer esto.
Si permanecemos en oración, no sabemos en qué manera Dios contesta nuestras oraciones. Muchas veces en una manera mucho más grande que nuestras expectativas, pero si no recibamos señales y milagros en esta vida, entonces todavía tenemos la promesa de la vida eterna en la palabra de Dios. Y en esta palabra es el poder de cambiar nuestros corazones, para cambiar nuestras mentes, para vivir como ellos de Dios, no por un gran espectáculo de un milagro.
Hay muchos espectáculos en este mundo hoy en día, especialmente con los celulares. Mira estas cosas que ocurren. Hay muchas cosas que no entendemos, pero esto no cambia nuestros corazones. Lo que cambia nuestros corazones es la palabra de Dios. En la palabra de Dios tenemos la fe, la esperanza y la paz que sobrepasa todo entendimiento. Amén.