Nuestro camino a la cruz
Gracia y paz en nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Confesamos que tenemos la promesa de la vida eterna en Cristo. Vivamos con Cristo para siempre, pero ¿cuándo comienza esta vida eterna? Creemos que esto es algo más allá de este mundo que después de todo vamos a vivir con Cristo en el cielo después de este mundo.
Pero ahora todavía estamos en problemas, en dificultades. ¿Esto es la verdad o no? En verdad la vida eterna comienza con nuestro bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y nuestro Señor entonces anda con nosotros hasta el fin, el fin de nuestras vidas.
Y tenemos el modelo, el patrón de esta vida cristiana, de este mundo en nuestro Epístola para hoy, Romano 6, 1 a 11. Fuimos bautizados en Cristo y cuando fuimos bautizados en Cristo, fuimos bautizados en la muerte de Cristo. ¿Cómo puede ser esto? Somos bautizados en Cristo por nueva vida, pero fuimos bautizados y suputamos con Cristo.
Es decir, nuestra vida para seguir a Cristo no es una figura. Esta es la realidad, seguir a Cristo. Cristo está andando con nosotros, estamos andando con Cristo por el bautismo.
Cristo hizo esto posible por su propio bautismo en el río Jordán para Juan el Bautista. Hablamos sobre esto después del Domingo de los Reyes Magos. Hablamos en detalle sobre qué ocurrió en el bautismo de Jesucristo como un señal de la divinidad de nuestro Señor.
¿Por qué fue un señal de la divinidad? Porque el Padre habla del cielo, dice, este es mi Amado Hijo, ten conciencia con Él. El Espíritu Santo descendió sobre Jesús en la forma de una paloma y Jesús comenzó su ministerio terrenal, su ministerio de proclamación. ¿Pero qué ocurrió con este ministerio? Este fue un camino a la victoria, tras victoria.
No fue un camino a la cruz, al sufrimiento, a la cruz. Y luego, resucitó de entre los muertos para regresar al Padre Todopoderoso. Este es el señal de la divinidad de Jesucristo.
Pero ahora vamos a hablar sobre qué aplica a nosotros entonces. Porque Cristo hizo posible a nosotros a seguir a Él en este camino a la cruz, también a la resurrección y la vida eterna. Porque Cristo fue bautizado por Juan el Bautista, pero Él no necesita arrepentir de sus pecados.
El bautismo de Juan el Bautista fue un bautismo de arrepentimiento. La gente fue bautizado en el río Jordán para confesar que ellos son pecadores y para pedir la misericordia de Dios para ellos. Pero ellos en aquel momento no tienen la seguridad de la misericordia de Dios.
Solo cuando Cristo hizo todo para nosotros, tenemos entonces en el bautismo la seguridad de la salvación. Porque Cristo, primero en su bautismo, Él que no necesita arrepentir de sus pecados porque no tienen pecado, sometió a la ley de Dios en el bautismo. Él sometió bajo la ley de Dios.
Él hizo un compromiso para cumplir la ley perfectamente en nuestros lugares y también para morir en nuestros lugares en la cruz. Él fue hecho ser hermano en su nacimiento de la Virgen María, pero cuando Él fue bautizado, Él tomó a sus hombros la culpa de nosotros en el bautismo. Tomó a sus hombros la culpa de nosotros, de nuestros pecados, del pecado original y los pecados actuales y andó a la cruz con estos pecados y sacrificó sí mismo en la cruz para nosotros.
Y venció entonces sobre el pecado, el diablo y la muerte, y el tercer día resucitó de los muertos. Y nosotros también, por causa de Cristo, somos revestidos en la justicia de Cristo para andar a la cruz, es decir, tenemos en nuestro futuro una cruz, es decir, una muerte física, la muerte de nuestro cuerpo humano, pero también por Cristo tenemos la resurrección. Compartimos en la resurrección de Cristo para vivir para siempre con Cristo en el cielo, pero ahora compartimos en la vida de Cristo, en la nueva vida del Espíritu Santo, cada vez a una persona es bautizado, el Padre Todopoderoso dice, tú eres mi hijo, también el Espíritu Santo descendió y entendió en nosotros una nueva vida.
Entonces vivamos en esta tensión, somos pecadores por naturaleza, por la naturaleza viejo, como dice la Biblia, que dice esta es la naturaleza viejo, el Adán viejo, tenemos esta naturaleza por causa de Adán y Eva, nuestros primeros padres, y por nuestros padres también nacimos según la carne, es decir, la naturaleza que está muriendo, cada uno de nosotros, estamos muriendo cada uno, cada momento de nuestra vida, pero al mismo tiempo, si hemos bautizado en Cristo, tenemos una nueva vida creciendo en nosotros, una nueva vida que comienza con el bautismo, y cuando morimos físicamente, esta nueva creación, esta nueva criatura, resucitará de la muerte para vivir con Cristo, para ser con Cristo, tenemos esto por seguridad, por Cristo ha hecho el mismo camino a la cruz, Cristo fue Dios hecho hombre, pero también fue hombre como nosotros, como hombre anda con Dios, cumplió la ley de Dios en nuestros lugares, y entonces podemos ser libres de la culpa del pecado, libres para qué, por qué propósito somos libres del pecado, para vivir de la misma manera antes, no, que dice Pablo, Pablo dice, no es, Pablo está advirtiendo sobre el error de pensar que o Cristo ha hecho para nosotros, no hay necesidad de nosotros sobrevivir de una manera nueva, es el error en contra, hay dos errores, un error es para pensar que no tenemos la seguridad de la salvación en Cristo, y tenemos que hacer este, este, este para ganar el amor de Dios, pero el otro error es para pensar que, oh, no necesitamos pensar en la ley de Dios, porque Cristo ha hecho todos, pero Cristo nos ha hecho libres para vivir según la voluntad de Dios, que es la ley de Dios, en Cristo no hay temor de la condenación, pero tenemos la esperanza de una nueva vida, y por eso en Mateo 5, en los versículos antes de nuestro texto para hoy, versículo 17, no pienses que he venido para abrogar la ley o los profetas, no he venido para abrogar sino para cumplir, porque de cierto digo que hasta que pase del cielo a la tierra ni una jota ni una tilde pasará de la ley hasta que todo se haya cumplido. Este está hablando sobre la santa voluntad de Dios, la ley moral, la ley, el pacto contra entre Dios y los israelitas en el monte Sinaí, que fue un pacto con el pueblo que Dios sacó de Egipto, como dice en nuestro texto de Éxodo, este es el pacto que Dios hizo con ellos, los refugiados de Egipto, para ser una gran nación donde fue nacido el Mesías, el Salvador del mundo. Ellos tienen muchas reglas sobre su… muchas leyes civiles, muchas leyes ceremoniales que distinguían a ellos de las otras naciones y señalaban a Cristo la ceremoniales, las leyes ceremoniales, los sacrificios en el templo, la Pascua señalaban a Cristo, pero cuando Cristo vino, Él cumplió todas estas cosas y entonces no hay necesidad para observar las leyes civiles del pueblo israelí, de las leyes ceremoniales, pero la ley moral todavía existe, esta es la voluntad de Dios para todas las naciones, para vivir como sus hijos.
¿Qué es el resumen entonces de la ley de Dios? Tenemos 10 mandamientos en Éxodo hoy, pero ¿qué es? ¿Qué dice el Señor? Es el resumen de esta ley. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas y ama a tu prójimo a ti mismo. Entonces la ley nos enseña como hacer esto.
¿Qué significa amar a Dios con todo tu corazón? ¿Qué dice Dios? No tiene otro Dios ajeno, no tiene otro Dios aparte de mí. No haces Dios de otra cosa, solo confiamos en Dios por nuestras necesidades materiales y espirituales y ayúdanos a nuestro prójimo con sus necesidades. No quita de él sus bienes, pero ayuda a él en su vida.
Y podemos hacer esto por ayuda del Espíritu Santo, por ayuda de esta nueva vida que comienza en nosotros en el bautismo. Este es el fruto de las obras del Espíritu en nuestras vidas. Y ahora la ley no es una amenaza para nosotros, pero es una alegría para nosotros.
Alegramos hacer la voluntad de Dios. La ley nos muestra nuestro pecado en nuestro corazón, nuestra necesidad por un Salvador, pero también muestra la manera en que podamos agradecer a Dios por su salvación. Entonces comienza en este bautismo, en esta nueva vida cristiana, una nueva vida, una nueva vida de bendición, porque Señor va a bendecir a los que le aman en varias veces en esta vida, no por todos que queremos, pero por nuestras necesidades, por nuestro bienestar.
Cuando andamos con Dios, confiamos en Dios, tenemos en este mundo una esperanza que los no creyentes no tienen. Ellos no tienen la seguridad. Ellos están andando en el mal y tienen las consecuencias, pero nosotros tenemos la esperanza que andemos con el Señor.
Tenemos la promesa que el Señor está con nosotros en bendición. Hasta el fin tenemos la protección y cuidado a Dios, pero andemos a nuestra cruz, a nuestra muerte, para compartir en algo más grande la resurrección en Jesucristo. Y en esto tenemos nuestra paz, nuestra alegría, nuestra fe y sobrepasa todo entendimiento.
Amén.