3 abril, 2025
9 marzo, 2025

No sólo de pan el hombre vivirá

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Passage: Génesis 3:1-21, Salmo 32, Hebreos 4:14-16, Mateo 4:1-11
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Gracia y paz en nuestro Señor y Salvador.

“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.Y después que hubo ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.” Jesús, por su bautismo, había sido formal y públicamente inaugurado en su ministerio, pero no debía comenzar su predicación de inmediato. El Espíritu Santo lo condujo al desierto para ser tentado por el diablo. Esta lucha contra el diablo era parte del oficio y la obra para la cual fue enviado por Dios y ungido con el Espíritu.

Ayunar es abstenerse de todo alimento y beber sólo agua. Si Jesús no bebió agua, su supervivencia durante 40 días y 40 noches en el desierto fue un milagro. Pero las palabras no nos dicen si bebió agua. El número “cuarenta” nos recuerda a Moisés en Éxodo 34:28 y a Elías en 1 Reyes 19:8. Un ángel le trajo comida a Elías antes de que comenzara su ayuno. “Con la fuerza de aquella comida, Elías caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar a Horeb, el monte de Dios” (1 Reyes 19:8). El ayuno de Moisés parece más milagroso. No sólo ayunó cuarenta días y cuarenta noches sin comida ni agua, sino que lo hizo dos veces, antes y después del incidente con el becerro de oro (Deuteronomio 9:9,18).

¿Por qué ayunó Jesús? Nuestro Señor no despreció las bendiciones de la comida y la bebida como algo pecaminoso en sí mismo. Realizó su primer milagro al convertir el agua en vino en una fiesta de bodas. Por haber aceptado la hospitalidad de muchos, fue acusado falsamente de glotonería y borrachera (Mateo 11:19). Pero Jesús reconoció que había un tiempo para ayunar además del tiempo para festejar. En nuestro Evangelio del Miércoles de Ceniza (Mateo 6:16-21), Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ayunéis”, no: “Si ayunáis”. En Mateo 9:14-15, le preguntaron a Jesús por qué sus discípulos no ayunaban, aunque los fariseos y los discípulos de Juan ayunaban a menudo. “Y Jesús les dijo: ¿Pueden, los que están de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Mas los días vendrán, cuando el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.” En los días en que la iglesia aguarda el retorno del Señor, la sobriedad y el estado de vigilia espiritual con que se espera este momento bien puede expresarse un período de ayuno.

El ayuno era común en la cultura judía. A menudo era expresaba tristeza por el pecado personal o el pecado de la nación. La exhortación de Samuel a Israel para que abandonara los dioses extranjeros resultó en un día de ayuno (1 Samuel 7:6). Los sermones de Jonás a los ninivitas dieron lugar a un ayuno en toda la ciudad. El ayuno era para expresar pesar por los pecados de Nínive y rogar a Dios que perdonara su ciudad. Esdras ayunó lamentándose por los matrimonios mixtos que habían hecho los exiliados israelitas que regresaron de Babilonia (Esdras 10:6). Nehemías lloró, ayunó y oró antes de confesar sus propios pecados, los de su familia y los de Israel. La triste condición del pueblo y de los muros de Jerusalén lo impulsó a actuar de esa manera (Nehemías 1:4-7). Daniel hizo una confesión similar mientras ayunaba después de entender la profecía de Jeremías de que los exiliados serían restaurados a Canaán (Daniel 9:3-6). Pero Jesús no tenía pecado y no necesitaba arrepentirse. Ya se había sometido al bautismo de arrepentimiento de Juan y había recibido la aprobación de su Padre y el don del Espíritu Santo.

El ayuno también expresaba otras emociones intensas. El dolor de Ana por su esterilidad la hizo llorar, ayunar y orar (1 Samuel 1:4-10). David ayunó después de la muerte de Abner (2 Samuel 3:35), Saúl y Jonatán (2 Samuel 1:12). Los hombres de Jabes ayunaron siete días después de recuperar los cuerpos profanados de Saúl y Jonatán (1 Samuel 31:13). Jonatán se había negado a comer porque su padre estaba tratando a David de manera vergonzosa (1 Samuel 20:34).

El ayuno también acompañaba la oración de intercesión. El ejemplo más conocido del Antiguo Testamento
es probablemente el de David por su hijo enfermo con Betsabé. David, llorando, ayunó y suplicó por la vida del niño enfermo. Pero cuando el niño murió al séptimo día, David comenzó a comer y aceptó la voluntad del Señor. Aunque ayunó, Dios le negó su petición por la vida del niño (2 Samuel 12:16-23). En el Nuevo Testamento, Ana, la profetisa, “no se apartaba nunca del templo, sino que adoraba noche y día, ayunando y orando” (Lucas 2:37). Luego, Pablo estaba ciego y no comió ni bebió durante tres días después de su conversión (Hechos 9:9). El Espíritu Santo les dijo a los creyentes que adoraban y ayunaban en Antioquía: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado” (Hechos 13:2). Después de ayunar un poco más y orar, les impusieron las manos y los despidieron. Pablo y Bernabé también ayunaron y oraron cuando designaron ancianos (pastores) para las iglesias jóvenes en Asia Menor (Hechos 14:23). Tal vez sea mejor pensar en Jesús ayunando en su dedicación a orar por nosotros los pecadores y meditar sobre el camino al que fue llamado.

Cuando estamos llenos de comida y bebida, normalmente queremos dormir. Al abstenernos de comer y beber, podemos mantenernos alerta para la oración. Por eso, el ayuno tiene cierto valor. De hecho, nuestras Confesiones Luteranas reconocen este hecho, al tiempo que rechazan el ayuno como forma de ganar méritos ante los ojos de Dios. Sin embargo, poco a poco el hambre disminuye naturalmente la resistencia del cuerpo, tanto física como mentalmente; debilita e irrita la mente e interfiere con el sano juicio.

Así que Satanás planeó su llegada con esto en mente. Atacó a Jesús en su momento de debilidad. Este texto nos recuerda inmediatamente la lección del Antiguo Testamento, Génesis 3:1-21. Satanás se acercó a Eva y le provocó la duda: “¿Es verdad que Dios os ha dicho?”. Luego una falsa promesa: “No vais a morir”. Y otra falsa promesa: “Seréis como Dios”.

Satanás intenta inducir a Jesús a que, como Hijo de Dios, actué en lugar de Dios para satisfacer sus necesidades personales. El argumento de Satanás se basa en una cita tergiversada del Salmo 145:15. Si se puede contar con la buena voluntad de Dios para dar alimento a todo el mundo, Jesús seguramente podrá actuar en beneficio propio.

Jesús no discute ni debate. No niega que tiene hambre ni que es el Hijo de Dios. Responde a Satanás, con gran humildad, citando las Escrituras, específicamente Deuteronomio 8:3. En este versículo, Moisés recuerda al pueblo de Israel el tierno cuidado que Dios les tuvo durante los cuarenta años de su peregrinación por el desierto. El alimento es producido por el poder creador de Dios. Los creyentes lo saben y lo creen. Los incrédulos lo rechazan, pero sigue siendo verdad. Sólo la Palabra de Dios causa y sustenta la vida, no sólo el alimento físico. El Espíritu Santo había llevado a Jesús a un desierto donde no había alimento. Jesús confiaba en el Padre. Su Palabra lo sustentaría. Por supuesto, no está diciendo que el alimento sea malo. Satanás está atacando la confianza de Jesús en el Padre.

Puesto que Jesús lo había vencido con las Escrituras, ahora Satanás trata de superar a Jesús con las Escrituras. En el versículo 4 Jesús dejó claro que confiaba en su Padre. Satanás ahora trata de poner a prueba esa confianza. Pero Satanás comienza desde un punto de vista de temeridad, no de confianza. Dios promete cuidar de los suyos en las circunstancias más difíciles, pero no de aquellos que se exponen a tales circunstancias. Omite las palabras “en todos tus caminos”. Cuando se incluyen estas palabras, Dios promete proteger a la persona justa en todos sus caminos justos; cuando se omiten las palabras se hace fácil pensar que Jehová protegerá al justo sin importar lo que haga.

Jesús cita Deuteronomio 6:16, que refleja la situación de los israelitas descrita en Éxodo 17:1-7, ahora en un lugar llamado Masah y Meriba pusieron a prueba a Jehová y se rebelaron contra Moisés por falta de agua. Si Jesús se hubiera arrojado al suelo, habría sido arrogancia e insolencia, no confianza. Jesús está diciendo: “No seréis arrogantes ni presuntuosos con el Señor, vuestro Dios”.

En la tercera prueba, el diablo quita la máscara y aparece como el príncipe y gobernante de este mundo. Como nuestro verdadero Salvador vicario, continúa citando las Escrituras hasta el final. Cita Deuteronomio 6:13.

Aunque Jesús, el Dios-hombre, no tenía pecado, no podía caer en el pecado. Y sin embargo, fue verdaderamente tentado en nuestro lugar. Ser tentado no es pecado, de lo contrario Jesús habría pecado. Cuando somos tentados por Satanás y el mundo, eso no es pecado de nuestra parte. Se convierte en pecado si y cuando cedemos. Nos diferenciamos de Jesús en que tenemos una carne pecaminosa. La vida es una batalla constante entre el nuevo hombre y la carne. Por la fe en Cristo, el cristiano resiste todo impulso de la carne. Como Cristo, emplea la Palabra de Dios, la Espada del Espíritu, Efesios 5:10-17.

A través de una vida de obediencia y sufrimiento, Jesús alcanzó todo lo que Satanás prometió: sustento diario,, la protección de los ángeles, y la autoridad en el cielo y en la tierra, dada a su naturaleza humana. Pero fue según la voluntad del Padre, hecha en perfecta obediencia.

En la cuarta petición del Padrenuestro, reconocemos a Dios como la fuente de todo lo que necesitamos en esta vida y le damos gracias por todos los dones de la creación que sustentan nuestros cuerpos. Él provee tanto para creyentes como para no creyentes, humanos y animales. Pero es su Palabra divinamente inspirada la que nos da vida espiritual y nos sostiene a lo largo de nuestra peregrinación por este mundo. Es nuestra brújula la que nos da dirección. Por eso le damos gracias por encima de todo. Amén.

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