7 marzo, 2026
8 febrero, 2026

La Palabra es viva y eficaz

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Passage: Isaías 55:10-13, Salmo 84, Hebreos 4:9-14, Lucas 8:4-15
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Gracia y paz en Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En estos tres domingos, entre el Domingo de la Transfiguración y Miércoles de Ceniza, la comienza de la temporada de Cuaresma, estos tres domingos son domingos para la reflexión en algunos temas. Los tres domingos, Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima, son más antiguos que la Reforma del Siglo XVI, pero ellos tratan con los tres solas de la Reforma, que indica, Lutero no inventó nada, fue parte de la enseñanza de la Iglesia desde el principio.

En el Domingo pasado, Septuagésima, el tema fue, somos salvos por la gracia o la misericordia de Dios. El tema para hoy es, solo las Escrituras, y para el próximo domingo, solo somos salvos por la fe, pero el tema para hoy es, la única autoridad por la Iglesia, la única autoridad infalible, son las Escrituras que son la Palabra escrita de Dios, la revelación de Dios.

Estamos hablando sobre la obra del Espíritu Santo. ¿Qué contamos sobre el Espíritu Santo en nuestro catecismo? ¿Qué es la obra del Espíritu Santo? Para iluminar nuestros mentes y corazones, para recogernos por el bautismo en la familia de Dios, y para cuidar por la Iglesia. Para guiar no solo nosotros como individuos, pero también para guiar la Iglesia en toda la verdad. Para congregar de todos partes del mundo, todos al rebaño de Dios.

Él nos protege, y se preserva para nosotros, toda la verdad de Dios, todos los enseñanzas, y los profetas, y los apóstoles, que están incluidos en esta Biblia, los 66 libros reconocidos como inspirados por el Espíritu Santo, como confesamos en el credo, que habló por los profetas, también los apóstoles.

También el Apóstol Pablo dice en Timoteo, todos los Escrituras son inspirados por el Espíritu Santo. La palabra es para suspirar, para soplar. Los hombres en varias regiones, en varias épocas, escribieron estos libros. Pero no por su propia opinión, no por su propia conocimiento. Ellos fueron guiados por el Espíritu Santo para la bienestar de la iglesia.

Y esta es la única autoridad que reconocemos que no tiene error. El Espíritu Santo inspiró todos los palabras de la Biblia, entonces la Biblia no tiene error. En este mundo hoy en día es difícil para decir estos libros no tienen error. Creemos que el mundo fue creado por Dios en seis días, y el mundo se burla, diciendo no, el mundo fue creado de millones y millones de años de procesos naturales. Lo hombres son descendientes de monos.

Aunque tenemos mucha evidencia de la verdad de la Biblia. Hay más de cincuenta personas que han mencionado en las Escrituras. Tenemos la confirmación de su existencia por inscripciones. Muchos países mencionados en la Biblia todavía existen. No es un fabulo, no es un mito. Nos podemos tener confianza en la Biblia, porque en la Biblia encontramos las palabras de salvación.

Por eso, nuestras lecturas de hoy habla de la Palabra de Dios como algo que da vida. San Pablo dice en Hebreos 4:9-14) “la palabra de Dios es viva y eficaz” para cambiar los mentes y los corazones de los hombres. Y en Isaías, la comparación es, la Palabra de Dios es como la lluvia que hace germinar el suelo. El Señor dice, mi Palabra sale de mi boca como lluvia, derrama sobre la tierra, y no vuelve a mi vacía, haga lo que yo quiero. También en la palabra del sembrador (Lucas 8:4-15), dice claramente el Señor, “la semilla es la Palabra de Dios”.

El sembrador se fue para sembrar la semilla, el Señor dice, la semilla es la Palabra de Dios que da vida adentro de los corazones, de los corazones, que es viva. Es cierto, Dios habla hoy, en las Escrituras.

La Palabra de Dios da vida, pero también es como una espada que divide lo que es bueno de lo que es malo. Cuando escuchamos la Palabra de Dios, reconocemos nuestros pecados, adentro de nosotros. Ese es el Poder de la palabra de Dios.

Hablamos a un lado de ley es la justicia de Dios, a otro lado es la misericordia de Dios, la gracia de Dios. La ley de Dios es para nosotros la voluntad para vivir, es santa y buena, pero no podemos cumplir perfectamente la ley de Dios. Pero el evangelio, las buenas noticias, es Jesucristo ha hecho todo por nosotros. Murió la cruz para nosotros. Ley y evangelio, todo es la Palabra de Dios.

Si el mensaje de salvación fuera un sonido muerto e ineficaz, un incrédulo podría tener la excusa de que no ha obtenido ningún valor de escuchar la Palabra. Pero se nos dice que la Palabra de Dios es viva, instintiva con la maravillosa vida de su fuente, llena de poder vivificante (Juan 6:63; 1 Pedro 1:23). Es en sí misma activa, eficaz, enérgica, capaz de llevar a cabo la obra para la que fue concebida (Jeremías 23:29; Romanos 1:16). Es más aguda y cortante que cualquier espada de dos filos (Apocalipsis 1:16; 2:12; Efesios 4:12).

Siempre tiene ese efecto porque el Espíritu Santo es activo en la predicación de la palabra de Dios. Es activo en el santo bautismo, es activo en el sacramento de la Santa Cena. Entonces, ¿por qué no tiene el mismo impacto en la vida de todos?

Algunos, endurecidos por las ideas y las experiencias del mundo, rechazan el mensaje de que son pecadores desde el principio y siguen las doctrinas de los hombres. La segunda clase de oyentes no está firmemente arraigada en las Escrituras. Son entusiastas fervientes mientras dura su fervor, pero la emoción no perdura. Durante un tiempo, generalmente breve, se identifican prominentemente con la obra de la Iglesia. Pero luego su interés decae y desaparece tan repentinamente como surgió. En tiempos de tentación, cuando parece haber peligro de sufrir por sus convicciones, ya no se encuentran entre los presentes.

Oyen la Palabra correctamente y la aceptan en su pureza; se alegran de conocer la verdad y de descubrir cómo pueden ser salvos sin obras, solo por la fe; también porque han sido liberados de la esclavitud de la Ley, la conciencia y las doctrinas humanas. Pero cuando llega el momento de la lucha, de sufrir daño, desprecio, pérdida de la vida y de los bienes por causa de su fe, entonces se apartan y lo niegan todo.

La tercera clase incluye a quienes también oyen la Palabra, en cuyos corazones la semilla encuentra un lugar adecuado. Pero más tarde, dominados por las preocupaciones de las riquezas y los placeres de la vida, su fe se ahoga y no da fruto. Esta tercera clase, que oye y acepta la Palabra, pero cae en el lado equivocado, es decir, en el placer y la comodidad de esta vida, tampoco da fruto según la Palabra. Y su número también es muy grande; pues aunque no establecen herejías, como los primeros, sino que siempre tienen la Palabra pura, y tampoco son atacados por la oposición y la tentación, caen en el lado derecho, y esa es su ruina: que disfrutan de paz y buenos tiempos.

Solo en la última clase de oyentes la semilla de la Palabra cae en corazones que han sido debidamente preparados por la predicación de la Ley. La Palabra que oyen también la guardan; se aferran firmemente a su gloria y poder, y así son capaces de dar fruto agradable a Dios, con toda perseverancia. Que Dios nos conceda a todos estar entre aquellos que se aferran a la fe y entran en el descanso prometido para los hijos de Dios. Amén.

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