Comenzamos nuestra semana de la Epifanía el domingo, 04 de enero de 2026, con la celebración de la circuncisión y nombramiento de Jesús. Nuestro Señor cumplió toda la ley de Moisés, tanto moral como ceremonial. Fue puesto bajo la ley (Gálatas 3:23-29) por manos de José y María, quienes lo circuncidaron y le dieron nombre ocho días después de su nacimiento (Lucas 2:21). Ocho días significa el primer día del año, el primer de enero. Entonces, celebramos el nombre de Jesús y el nuevo año en el mismo tiempo, pero porque recordamos este evento, el nuestro Señor cumplió toda la ley de Moisés, tanto moral como ceremonial. Fue puesto bajo la ley (Gálatas 3:23-29) por manos de José y María, quienes lo circuncidaron y le dieron nombre ocho días después de su nacimiento (Lucas 2:21). Porque Cristo cumplió todo el pacto del Antiguo Testamento con Abraham, con Moisés, con David y todos los patriarcas, somos parte del cuerpo de Cristo la familia de Dios entonces en el bautismo recibamos la adopción como hijos de Dios por nombre y esta es nuestra bendición. También continuamos la bendición del pueblo de Dios de Aarón (Números 6:22-27) cuando concluimos nuestros servicios el Señor te bendiga y te guarda tres veces porque por nosotros entendemos esta como la Santa Trinidad.
Después del primer servicio del año 2026, el primer estudio de la escuela bíblica vacacional “La Nueva Creación en Jesucristo” trató con la creación del mundo por Dios trino con énfasis en el primer capitulo del evangelio según San Juan. “En el principio era el Verbo y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Todas las cosas por él fue hecho, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:1-2). “En el principio” son las mismas palabras con que las que comienza el primer capítulo de Génesis, el primer libro de la Biblia. La semjanza entre Génesis 1:1 y Juan 1:1 es intencional. Haciendo referencia a la primera creación, Juan sostiene que Dios hizo todo con el Logos, una palabra griega que se puede ser traducida como “Verbo” o “Palabra”. Dios creó el cielo y la tierra solo con su Palabra creadora. “Y dijo Dios: Sea la luz, y fue la luz.” Esta Palabra creadora, el instrumento de la primera creación, también era Dios mismo. Este Verbo, la segunda persona de la Santa Trinidad, “fue hecho carne” (Juan 1:14) en Jesucristo como agente de la nueva creación redimida de la muerte y el mal (Romanos 8:19-23). También el Espíritu Santo que “se movía sobra la faz de las aguas” (Génesis 1:2) y hizo Adán, el primer hombre, “un ser viviente” (Génesis 2:7) obró la concepción de Jesucristo como el segundo Adán y crea fe y nueva vida en las aguas del bautismo.
El lunes, 05 de enero de 2026, el tema fue la Ley y el Evangelio. La Ley es la santa voluntad de Dios para nosotros a vivir como sus hijos. Sin embargo, por la corrupción total de la naturaleza humana lo que hemos heredado de Adán y Eva, ninguno de nosotros podamos cumplir perfectamente la voluntad de Dios. Esta voluntad es “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” y “Amarás a tu prójimo a ti mismo” (Mateo 22:34-40; Marcos 12:28-34; Deuteronomio 6:5; Levítico 19:18). Cada domingo confesamos a Dios, “No te hemos amado de todo corazón; no hemos amado a nuestros prójimos como a nosotros mismos. Por amor de tu Hijo Jesucristo, ten piedad de nosotros.” El Evangelio (buenas noticias) es “Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, en su gran misericordia nos ha dado a su Hijo y por medio de él, nos perdona todos nuestros pecados.” No somos salvos por obras de la Ley, sino por la fe en el sacrificio propiciatorio de Cristo, que dar fruto en obras el amor a Dios y nuestro prójimo.
El martes, 06 de enero de 2026, concluimos la escuela bíblica vacacional con el estudo de los medios de gracia: la predicación de la Palabra de Dios; el Bautismo; y la Santa Cena. En la predicación, la Palabra es emitida para todos los que pueden oír; en los sacramentos, por medio de su Palabra y elementos visibles, Dios llama cada persona por nombre y les entrega sus dones de perdón, salvación y vida eterna.
En el servicio vespertino de la Epifanía, escuchamos las palabras de San Pablo en Efesios 3:1-12: “Para que los gentiles sean coherederos del mismo cuerpo, y participantes de su promesa en Cristo por el evangelio”. Celebramos la llegada de los Reyes Magos a Belén, que representaban que el Evangelio llegaría a todas las naciones después de que Jesús lo predicara a los judíos. Así como la Ley de Dios fue revelada primero al pueblo de Israel a través de Moisés y los profetas, el Evangelio fue revelado primero a los judíos por Jesús, luego al mundo entero por los apóstoles. anto la Ley como el Evangelio son “el misterio de Cristo” del que habla San Pablo en Efesios. Hasta cierto punto, la existencia de Dios y su voluntad no están completamente ocultas a la mente y el corazón humanos impenitentes. Si estudiamos el universo, como los Reyes Magos estudian los movimientos de las estrellas, podemos decir que hay orden en la creación y que nos afecta de alguna manera. Pero no podemos conocer las profundidades de nuestro propio pecado o las profundidades del amor de Dios por nosotros a través del estudio del mundo natural. Estas son las verdades que permanecen ocultas hasta que la luz de Cristo traspase las tinieblas que cubren a las naciones (Isaías 60:1-6).
El Señor reveló el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento mediante señales especiales: un coro de ángeles para los pastores y una estrella guía para los magos. Los Reyes Magos eran lo que llamaríamos astrólogos. Los reyes de Mesopotamia y Persia consultaban por su supuesto conocimiento del futuro basado en el movimiento de los cuerpos celestes. Los cristianos de hoy no debemos consultar los horóscopos, porque tenemos fe en que el Creador controla nuestro destino, no las cosas creadas. Pero Dios llamó a los Magos de una manera que ellos podían entender. Habían aprendido algo de las profecías de un Mesías judío durante el exilio judío en Babilonia, y entendieron por la estrella de Belén que las profecías se habían cumplido.
¿Cómo hace Dios dar a conocer a los hombres hoy el “misterio de Cristo”? A través de su iglesia. “Para que la multiforme sabiduría de Dios sea transmitida por la iglesia a los principados y potestades en las regiones celestiales” (Efesios 3:10). Al reunirse en torno a la predicación de la Palabra escrita de Dios y los sacramentos, la iglesia da testimonio no sólo a la humanidad, sino también a los ángeles. La fe viene a través de la obra del Espíritu Santo y el Espíritu obra a través de medios simples y terrenales. En su predicación, el predicador anuncia la gracia de Dios en Cristo a sus oyentes. Este anuncio declara forensemente a los oyentes justificados y reconciliados con Dios. Es la declaración de un hecho.















